¡Estos son los que vienen de la gran tribulación!

Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Apocalipsis 7:13 

 «¿Quienes son?» Ellos fueron pecadores como tú y yo. Sus vestidos estaban manchados por el pecado. Uno era altivo, perseguidor, injurioso. Otro era un ladrón, trasladado de la cruz del criminal a la corona del creyente. Otro es un santo que escapó de las influencias contaminantes de la «casa del César», y fue hecho por gracia un monumento de misericordia. Otra fue una vez una pecadora. Pero todos han «lavado sus vestidos y los han emblanquecido en la Sangre del Cordero», Apocalipsis 7:14.

¿Y de dónde han venido?» Y Él me dijo: ¡Estos son los que vienen de la gran tribulación!, Apocalipsis 7:14. El glorificado grupo de creyentes peregrinos, vestidos de ropas blancas, antes afligidos por el pecado y agotados por el dolor, han llegado ante el trono de Dios. Sí, todos sin excepción se han graduado en la escuela del sufrimiento. Ahora están sembrando con lágrimas, pero, como ellos, pronto «cosecharán con alegría». Y, mejor aún, «el Cordero» los «alimentará y los guiará», y con Su mano tierna «secará cada lágrima de los ojos de ellos». Apoc. 7:17

Allí no habrá más llanto ni dolor,Apoc.21:4  ¡Allí, ninguna ráfaga destructiva puede azotarte; ninguna prueba de fuego puede ponerte a prueba; ¡el calor abrasador del desierto ya no se siente ni se teme! En la tierra fue un deleite descansar en Jesús, en cada una de nuestras preocupaciones, ¡qué será descansar en los brazos de Su amor, cuando la ansiedad, el dolor, la debilidad y el cansancio ya no existan! Él nos ha amado en el pasado; allí, se nos dice que nos amará y cuidará por siempre.

Cristiano anticipa esa bendita comunión y sublime fraternidad, cuando oirás su tierna voz que desciende sigilosamente de las «fuentes vivas de agua», por las que Él te guiará y pastoreará eternamente, diciendo: «¡Sube aquí!». Pronto tu cabeza ya no dolerá, ni tu corazón sufrirá, el pecado ya no reinará. No habrá allí rostros surcados, ni marchitos, ni esperanzas frustradas, ni temor a las aflicciones desoladoras. Los días de tu luto habrán terminado. Y cuando lo veas y te arrojes a Sus pies, y desde la cima iluminada por el sol mires hacia atrás, a los recovecos del valle inferior, entonces exclamarás: «¡Él ha hecho todas las cosas para mi bien! Romanos 8:28 – Octavius Winslow

Oración: SEÑOR mío Jesucristo, gracias por haberme perdonado, redimido y lavado con tu Sangre preciosa. Ayúdame a mantener mis vestiduras blancas, confiando en tu sacrificio. Dame la fuerza en medio de cualquier aflicción para perseverar, y no murmurar ni cuestionar las decisiones de tu divina providencia, entender que son para mi bien, porque es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Hechos 14:22 Que mi esperanza esté puesta en la eternidad contigo. Amén. 

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