¡La Maravillosa Sangre de Cristo!

«¡La preciosa sangre de Cristo!» 1 Pedro 1:19

De pie al pie de la cruz, vemos manos, pies y costados, todos destilando corrientes carmesí de preciosa sangre. Es preciosa por su eficacia redentora y expiatoria . Por ella, los pecados del pueblo de Cristo son expiados; son redimidos de la ley; son reconciliados con Dios, hechos uno con Él.

La sangre de Cristo también es preciosa por su poder purificador. «Limpia de todo pecado».1 Juan 1:7 «Aunque tus pecados sean como la grana, ¡serán blancos como la nieve!» Isaías 1:18. Por la sangre de Jesús, no queda mancha ni arruga en ningún creyente. ¡Oh preciosa sangre, que nos limpias, quitando las manchas de nuestra abundante iniquidad y así ser aceptos en el Amado, a pesar de las muchas maneras en que nos hemos rebelado contra nuestro Dios!

La sangre de Cristo es preciosa por su poder preservador. Estamos a salvo del ángel destructor bajo la sangre rociada. Recuerda que es la visión de Dios sobre la sangre la verdadera razón de nuestra salvación. Aquí encontramos consuelo cuando nuestra fe flaquea, pues la mirada de Dios permanece inmutable. La sangre de Cristo es preciosa por su influencia santificadora. La misma sangre que justifica quitando el pecado, en su efecto posterior, vivifica la nueva naturaleza y la impulsa a someter el pecado y a obedecer los mandamientos de Dios. ¡No hay motivo para la santidad tan grande como la que brota de las venas de Jesús!

Y la Sangre de Cristo es inefablemente preciosa, porque tiene un poder vencedor. Está escrito: «Vencieron por la sangre del Cordero». Apocalipsis 12:11 La preciosa sangre de Jesús, es un arma invencible. ¡Oh la preciosa sangre de Jesús! El pecado muere en su presencia. La muerte deja de ser muerte. Las puertas del cielo se abren. ¡La preciosa sangre de Jesús! ¡Seguiremos adelante, venciendo y para vencer, mientras podamos confiar en su poder! No hay gozo sólido, ni paz sagrada en este lado del Cielo, excepto viviendo bajo la sombra de la Cruz, ¡y refugiados en las heridas de Jesús! -C.Spurgeon

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