
Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; Mateo 14:23
Jesús sabía que sus discípulos se enfrentarían a una fuerte tormenta, pues Él mismo los envió: «Hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que Él y llegaran al otro lado», Mateo 14:22. Los discípulos obedecieron al SEÑOR, pero se vieron en medio de la tormenta porque debían ser perfeccionados. Muchos cristianos tienen la idea errónea de que la obediencia a la voluntad de Dios produce una navegación tranquila. Pero esto no es cierto, porque el mismo SEÑOR nos advirtió: “En el mundo tendrán aflicción”, Juan 16:33.
Mientras los discípulos estaban en medio del mar, en la oscuridad y el viento soplando, ¡el SEÑOR oraba por ellos! Ahora tú estás en medio del mar de la dificultad, mientras Jesús está en las alturas, a la diestra del Padre intercediendo por ti. Sí, Él es Sumo Sacerdote, Su sacerdocio no se basa en el linaje, sino en la resurrección: “Él Vive siempre para interceder”, Heb. 7:25, porque la muerte no tiene dominio sobre Él, Rom. 6:9. Su intercesión no expira con la edad ni con la muerte. Él está siempre intercediendo por su pueblo. ¡Él no permitirá que nos hundamos ni que el mar de la aflicción nos devore!
Oh, afligido, azotado por la tempestad y desconsolado, por muy distante y solo que te sientas. Él está cerca de los quebrantados de corazón, Salmo 34:18. Mientras luchas contra las tribulaciones más formidables y amenazantes, y todas sus olas y marejadas pasan sobre ti. Sí, cuando parece ignorarte y apartarse de ti, es precisamente cuando está más atento a tus aflicciones. Ten presente siempre que Jesús está en la montaña orando por ti.
No debemos juzgar los designios del SEÑOR por las apariencias. ¡Depositen en Él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes! 1 Pedro 5:7. Recuerda esto, alma mía: Él envió a sus siervos al mar, previó la tormenta, para enseñarles a confiar en ÉL. Entonces, ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Salmo 42:5. Alma mía, confía en Su gracia, sigue sus instrucciones, y el resultado se ajustará plenamente a tus deseos.¡Amen!
ORACIÓN:»Oh SEÑOR mío Jesucristo, tú que vives para interceder por mí, calma la tempestad, llévame a salvo a través del oscuro y agitado mar de la vida. Permanece siempre conmigo en tu amor vigilante, en todo el poder y la misericordia de tu fuerza. Me has prometido: «Nunca te dejaré, nunca te abandonaré». En la oscuridad, sé mi luz. En el dolor, sé mi alegría. En la muerte, sé mi vida. Llévame a ese mundo sin nubes, donde jamás llegará una ola de tribulación; donde el bullicio de la tierra se acallará en una quietud eterna, y los suspiros del tiempo darán paso a los cantos de la inmortalidad».¡Amen!
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