
Aquel hombre será como un escondedero contra el viento y como un refugio contra la tempestad. Será como corrientes de aguas en tierra de sequedad, como la sombra de una gran peña en una tierra sedienta. Isaías 32:2
Este glorioso verso habla del SEÑOR Jesucristo, varón de dolores, poderoso Salvador, quien es el único refugio y consuelo de su pueblo redimido, contra los gélidos vientos de la tentación, la aflicción, el ataque satánico y los vientos implacables de este mundo perverso. Pero Cristo es un refugio seguro; se expuso a la furia de la ira de Dios en nuestro lugar. Cuando acudimos a Él, estamos a salvo bajo la protección de Su justicia y amor, guardados del poder condenatorio del pecado. «Tú eres mi refugio; me protegerás de la angustia y me rodearás con cánticos de liberación» Salmo 32:7.
Jesús es un refugio contra la violenta tormenta de la ira y el juicio divinos. En el Calvario, se interpuso como nuestra cobertura de la tempestad más feroz jamás desatada: la santa venganza de Dios sobre los pecadores. Él soportó la tormenta en su propio cuerpo, para que ni una sola gota cayera sobre su pueblo. En Él, estamos cubiertos de la ira eterna que nos corresponde. ¡Qué paz saber que ahora no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús! Romanos 8:1
Jesús es como corrientes de agua en lugar seco. Él es la fuente de aguas vivas para sus ovejas sedientas. El alma, por naturaleza, habita en tierra seca y árida donde nada satisface. El mundo es un desierto, y todos sus placeres son solo espejismos. Pero Jesús da lo que el mundo no puede dar: un corazón nuevo, gozo divino y fecundidad espiritual. Él satisface a los cansados con su Palabra, su presencia y su Espíritu. Los ríos no están estancados, sino que fluyen: frescos, abundantes y nunca se agotan. «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba» Juan 7:37.
Jesús es como la sombra de una gran roca. Él es la Roca inamovible, que se levanta sobre el desierto abrasador de esta vida. Para aquellos exhaustos por el pecado, agobiados por las cargas y el fuego de la aflicción, Él es descanso y refrigerio. Su sacrificio redentor proporciona una sombra refrescante del calor de este mundo pecaminoso. A diferencia de la sombra pasajera de las comodidades terrenales, Él es una gran Roca:inconmovible, firme, y eterna. Descansamos bajo su misericordia, sabiendo que somos sostenidos por su poder y protegidos por su amor. Él es todo esto y muchísimo más.
Jesús no solo es Dios manifestado en la carne, sino que también el escogido, levantado por el Padre para ser todo lo que su pueblo necesita en el tiempo y la eternidad. Oh, maravilloso,Jesús, nuestro Salvador y Rey, Tú eres suficiente para cada tormenta, cada sed y cada carga. Que nuestros corazones acudan continuamente a Ti, descansen en Ti y se regocijen en Ti. «¡Llévame a la Roca que es más alta que yo!». Salmo 61:2