Hágase tu voluntad, SEÑOR

“Que se haga la voluntad del SEÑOR.” Hechos 21:14

Existe una disputa tan antigua como Adán: si Dios o el hombre deben tener su propia voluntad.  Existe la voluntad de Dios, que para nosotros es secreta y desconocida. Él “ordena todas las cosas, según el designio de su propia voluntad”. Debemos decir con Pablo, respecto a esa desconocida voluntad de Dios: “¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!”

En cuanto a toda la voluntad providencial de Dios hacia nosotros, el espíritu de petición que nos enseñó nuestro Señor:” Hágase tu voluntad” Mateo 6:10, nos dirige no solo a no murmurar, sino a aceptar con alegría, a someternos con paciencia, a adorar con gratitud, sí, y a buscar convertir las oportunidades que presentan los eventos en la providencia para la gloria de Dios. Objetar o murmurar la voluntad providencial de Dios sería rebelarse contra Él.

Cuando Aarón perdió a sus dos hijos en un día, leemos que “Aarón guardó silencio”. Hubo una sumisión silenciosa, que significa: “Hágase tu voluntad”. Cuando Elí oyó de Samuel los juicios que Dios mandaría sobre sus hijos culpables, dijo: “Es el SEÑOR; que Él haga lo que le parezca bien”. En otras palabras: “Hágase tu voluntad”. Cuando Job perdió no sólo su ganado y sus siervos, sino también a sus hijos, “EL SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó; sea el nombre del SEÑOR bendito”, fue la forma de expresar: “Hágase tu voluntad”.

Este, por lo tanto, debe ser nuestro espíritu ante todos los problemas, aflicciones y adversidades que Dios, en su providencia, se complazca en enviarnos en cualquier momento. Pero cuando la voluntad providencial de Dios contradice de tal manera nuestra voluntad natural, ¿qué debemos hacer? Debemos decir: “¡ Que se haga la voluntad del SEÑOR.” ¡Cuán hermosamente se muestra esto en la conducta de nuestro SEÑOR! Él sintió como hombre: “Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa”. ¡ Y se sometió como ejemplo! “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Creyente cristiano, ¡anímate! La voluntad de Dios para contigo está llena de amor.

Oh SEÑOR, renueva nuestra naturaleza a tu santa semejanza. Que sea nuestro deleite hacer tu voluntad, oh Dios. Que ya no hagamos nuestra propia voluntad. Sobre todos nuestros dolores y todas nuestras pérdidas, que con humildad y con labios sinceros digamos: “El SEÑOR dio, y el SEÑOR quitó. ¡Bendito sea el nombre del SEÑOR!

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