El Dios que no cambia: nuestra Roca eterna

Yo, el SEÑOR, no cambio.” Malaquías 3:6

Qué verdad tan gloriosa e inspiradora: ¡ Dios nunca cambia! Él es eternamente el mismo: ayer, hoy y por los siglos, Hebreos 13:8 Mientras el mundo se tambalea bajo el cambio constante, mientras los hombres suben y bajan como la marea, y mientras la creación gime y decae, Dios se yergue como la Roca inquebrantable, elevándose por encima de todo lo que fluctúa.

No hay sombra de cambio con Él. Su esencia no conoce mejora, porque Él ya es infinitamente perfecto. Su conocimiento no admite aumento, porque Él es omnisciente. Sus propósitos no requieren ajuste, porque fueron decretados en la eternidad pasada con sabiduría infalible y poder omnipotente. Él no evoluciona, ni retrocede. Lo que Él ha propuesto, Él lo logrará. Lo que Él ha prometido, Él lo cumplirá.

Esta naturaleza inmutable de Dios es aterradora para los rebeldes. El Dios que declaró que “la paga del pecado es muerte”,Romanos 6:23, no modificará su justicia para complacer al pecador. Su santa ira permanece sobre quienes rechazan a su Hijo. No comprometerá su justicia para apaciguar a un mundo cambiante. Pero para el creyente, redimido por gracia soberana, este atributo es un santuario de consuelo. Dios que depositó su amor en nosotros desde antes de la fundación del mundo, nunca abandonará a su pueblo redimido.

La sangre de Cristo nunca perderá su poder. La justicia que se nos imputa jamás será retirada. La mano que inició la buena obra de la salvación nunca dejará de completarla. Que los hombres cambien, que los reinos se derrumben, que los sentimientos flaqueen, nuestro Dios permanece inalterable. Su misericordia es de eternidad a eternidad para quienes le temen. Su verdad perdura por todas las generaciones. Su pacto permanece firme, sellado con la sangre expiatoria de su Hijo. Aquí hay descanso para el alma cansada; un ancla en cada tormenta. Inclínate ante este Dios inmutable con adoración reverente, encuentra tranquilidad bajo la sombra de Sus alas y pon tu esperanza plenamente en Aquel que es siempre el mismo.

ORACIÓN: Padre eterno e inmutable, gracias porque tu carácter no fluctúa como mis emociones ni como las circunstancias que me rodean. Afirma mi fe cuando todo a mi alrededor cambia, fortalece mi confianza en tus promesas y guarda mi corazón firme en tu verdad. Que descanse cada día en tu fidelidad inquebrantable y que mi vida refleje la seguridad que tengo en Ti. En el nombre de Cristo, Amén.

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