
Porque vana es la ayuda del hombre. Salmo 108:12
Este es un llamado a depender plenamente de Dios. Tendemos a depender de la criatura más que de Dios. Aunque constantemente salimos decepcionados, sin embargo, intentamos solucionar las cosas nosotros mismos o buscamos apoyo en otros, pero resulta en una ayuda, débil, ineficaz, vana. Pero, ¡oh bendita seguridad! ¡Qué hijo de Dios no ha sentido la necesidad del apoyo y la compasión de su Salvador! En medio de dudas, temores, tristezas, enfermedades y angustias.
Lo mejor que el hombre puede hacer es cubrir la herida, pero no sanarla; puede decir una palabra de consuelo, pero no puede llevarla al corazón. En cuanto al bien permanente y verdadero, hemos sentido la verdad que Job enseñó a sus amigos, estando en grandes angustias:»He oído muchas cosas como estas; consoladores molestos son todos ustedes.»Job 16:2.
¡Pero qué diferente es cuando el alma, en su apuro, se postra ante el trono de la gracia, y la súplica ferviente y constante asciende al SEÑOR que oye y responde la oración! Entonces el consuelo fluye sobre el espíritu afligido; entonces «la paz que sobrepasa todo entendimiento», impregna el corazón del creyente; la fe se alza con renovado vigor, y el lenguaje del alma es como la del salmista: «Engrandezcan al SEÑOR conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al SEÑOR, y él me oyó, y de todos mis temores me libró». Salmo 34:4 «Nosotros en el nombre del SEÑOR nuestro Dios confiaremos». Salmo 20:7