Cuando el silencio también es oración

No te des prisa en hablar, ni se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios. Eclesiastés 5:2

Alma mía, eres incapaz de orar por ti misma. Por naturaleza estás lejos de Dios. Si el Espíritu no te mueve, no es oración. Solo la voz del Espíritu puede hablar a Dios. Solo la mente del Espíritu puede llegar a sus oídos. «De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Pero el que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.» Rom. 8:26-27

El Espíritu mora en ti para ser el creador de tus pensamientos —el órgano de tu discurso— ante Dios: para que tú, en Él, y Él en ti, puedas pensar los pensamientos y el lenguaje de la oración. Orar sin el Espíritu es lo mismo que pensar sin mente o hablar sin la capacidad de hacerlo. Pensamientos brillantes; frases bien fundamentadas; el fluir del sentimiento y las simpatías terrenales No provienen del Espíritu ni te conducen a Dios. Tu vida, tu corazón, tus pensamientos, deben estar centrados en el Espíritu. En Él oras. En Él alabas. Solo en Él tienes vida. Sin Él, mientras vivas, estás espiritualmente muerto.

Alma mía, todas tus vacilaciones en la oración, todas tus resoluciones desistidas al instante, tu claudicar con los deberes sagrados, tus luchas contra el pecado, pero anhelando complacerlo, tu oración contra algún ídolo de tu corazón, pero lo abrazas todo el tiempo, tu incomodidad después de orar, consciente de no haber tratado con Dios. La causa de todo esto es porque: ¡Tu mente ha pensado y tus labios se han movido sin el Espíritu Santo! Mejor que no se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios.

En la oración privada, no te preocupes, aunque la espera sea larga, aunque a menudo dejes el trono y no se diga ni una palabra. ¿Qué puedes decir? El Espíritu no habló. No puedes sino guardar silencio. -George Mylne

Oración final
Espíritu Santo, enséñame a orar conforme a Tu voluntad. Guarda mi corazón de palabras vacías y lléname de una comunión verdadera contigo. Amén.

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