
“Sean llenos del Espíritu Santo”. Efesios 5:18
Las bendiciones de este día serían abundantes si fuéramos llenos del Espíritu Santo. Las consecuencias de esta sagrada llenura del alma serían imposibles de sobreestimar. La vida, el consuelo, la luz, la pureza, el poder, la paz y muchas otras bendiciones preciosas son inseparables de la graciosa presencia del Espíritu.
Como aceite sagrado, Él unge la cabeza del creyente, lo aparta para el sacerdocio de los santos y le da la gracia para desempeñar sus deberes correctamente. Como la única agua verdaderamente purificadora, Él nos limpia del poder del pecado y nos santifica para la santidad, obrando en nosotros tanto el querer como el hacer por la buena voluntad del Señor.
Como luz santa, Él nos revela al SEÑOR Jesús y nos guía por el camino de la justicia. Iluminados por su puro rayo celestial, ya no caminamos en tinieblas, sino en la luz de la verdad de las Escrituras. Como fuego purificador, nos purifica de la escoria y enciende nuestra naturaleza consagrada. Él es la llama sacrificial que nos permite ofrecer nuestras almas enteras como sacrificio vivo a Dios.
Como rocío celestial, Él elimina nuestra esterilidad y nutre nuestras vidas. ¡Ojalá Él cayera sobre nosotros desde lo alto a esta hora temprana! Ese rocío matutino sería un dulce comienzo para el día. Como la Paloma celestial, con alas de amor apacible, Él se cierne sobre las almas de los creyentes; y como Consolador, disipa las preocupaciones y dudas que empañan la paz de sus amados. Desciende sobre su pueblo elegido y da testimonio de su filiación, obrando en ellos un espíritu filial con el que claman: ¡Abba, Padre!
Como el viento, Él trae el aliento de vida espiritual a los hombres. Realiza las operaciones vivificantes mediante las cuales la creación espiritual se anima y sustenta. ¡Ojalá sintiéramos la presencia e influencia del Espíritu hoy y todos los días! Cuando el Espíritu del SEÑOR sopla sobre nosotros, marchita toda la gloria del hombre, que no es más que una flor de la hierba; y luego revela una gloria superior y duradera.- C. Spurgeon
Oración final:
SEÑOR, llénanos hoy y cada día de Tu Santo Espíritu, para vivir en tu poder, caminar en tu luz y reflejar una gloria que no se marchita, para honra de tu Nombre. Amén.