
Pero nosotros tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2:16
¡La Mente de Cristo! ¡Qué elevado es este estándar! ¡Nosotros criaturas imperfectas y débiles nos sentimos avergonzados con estas palabras! Pero aquel que vive en el Espíritu, piensa en las cosas del Espíritu y posee el Espíritu de Cristo, Romanos 8:6 y 9, aquel cuyo corazón es templo y morada del Espíritu del SEÑOR, conoce Sus pensamientos porque tiene una unión viva con la Mente eterna.
Es imposible en la tierra relacionarse con un ser semejante sin asimilarse en cierto grado a él. De la misma manera, cuanto más estemos en compañía de Cristo, conversando con Él como nuestro mejor y más querido amigo, adoptando su santa mirada y sus santas obras, más seremos “transformados a su misma imagen”. 2 Corintios 3:18 “¡Ser conformados a la imagen de Su Hijo!” Rom. 8:29, éste es el designio de Dios al predestinar a su pueblo desde toda la eternidad. “¡Seremos como Él!” Rom. 12:2 ¡Ésta es la imagen bíblica del cielo!
“Considera…. a Cristo Jesús” Hebreos 3:1. Estudia rasgo por rasgo, línea por línea, de ese Ejemplo Inigualable. “Contempla” al Sol de Justicia hasta que, ¡lleves contigo, en tu visión espiritual, imágenes deslumbrantes de Su resplandor y gloria!
Nunca debemos olvidar, en efecto, que no es la mente, sino la obra de Cristo, la que fundamenta la esperanza del pecador. Él debe ser conocido como Salvador, antes de ser estudiado como Ejemplo. Su obrar y morir es la joya central, de la cual todas las virtudes de su vida santa son solo el engaste. Pero tampoco debemos pasar por alto la obligación bíblica de seguir sus pasos y empaparnos de su Espíritu, porque “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Romanos 8:9
¡Oh, que cada cristiano sea más semejante al Salvador! Que, en la manifestación de un carácter santo y una conducta celestial, en alguna medida débil e imperfecta, se pueda decir de cada creyente: “¡Así era Jesús!”. Al menos es reconfortante saber que llegará el día en que, con la plena visión y realización del “Glorioso Original”, podremos decir con el Pablo: “¡Tenemos la Mente de Cristo!”. -J. MacDuff Que la mente de Cristo, mi Salvador, viva en mí día a día, y que por su amor y poder de su Espíritu controle todo lo que hago y digo.
Oración final:
SEÑOR, forma en nosotros la mente de Cristo. Permite que tu Espíritu gobierne nuestros pensamientos, actitudes y decisiones, para que vivamos conforme a tu verdad y reflejemos, aunque sea imperfectamente, el carácter de nuestro Salvador, hasta el día en que seamos plenamente semejantes a Él. Amén.