Dios, refugio seguro en medio de la tribulación

Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Salmo 46:1

Es raro encontrar a alguien que diga: “¡Nunca he conocido la angustia!”. Apenas termina de decirlo, cuando vienen los problemas. Para otros, a lo largo de los años, su vida ha sido una sucesión de pesados problemas —ola tras ola, tormenta tras tormenta—, cada problema en algún sentido más pesado que el anterior, debido a la mayor acumulación.Y por eso algunos yerran en su juicio, como los amigos de Job, e imaginan que donde hay los mayores problemas, deben haber existido los mayores pecados.

“No sé qué he hecho”, dijo un joven apoyado en muletas, con la salud deteriorada y, con ella, su capacidad para sostenerse. Intenté explicarle cuál podría ser el sabio y amoroso propósito de Dios; afligirnos para beneficiarnos, y atraernos hacia Él por medio de Cristo nuestro Salvador. Pero, pienso que es innecesario, e incluso superfluo, demostrar que estamos expuestos a problemas.

Los hombres de mente espiritual testifican que solo pueden ayudar como instrumentos de Dios. Pero “Dios es nuestro es nuestro pronto auxilio en la tribulación”. Entonces, por qué buscar ayuda aquí y allá, donde no la hay, descuidando a Aquel que solo puede ayudar eficazmente. Él no es un Dios lejano, sino “muy presente”, cercano, dispuesto a obrar en ti, hablando a tu corazón, aplicando a tu alma su divino consuelo y apoyo.

Cuando las nubes a veces se ven oscuras, y algunos amigos se muestran infieles, y otros desfallecen, recurramos a este reconfortante Salmo: “Estaremos quietos y sabremos que Él es Dios” Salmo 46:10; y más aún, cantaremos más fuerte en medio de la multitud: “¡El SEÑOR Todopoderoso está con nosotros; el Dios de Jacob es nuestro refugio!”. Salmo 46:11

Cristiano, permanece, pues, en Cristo, tu refugio seguro. Glorifica a Dios en el fuego de la tribulación. Atesora las experiencias pasadas y presentes para el aliento futuro. Confía en Dios también para los demás, para todos tus hermanos en la fe. Anima a todos los fieles a unir su testimonio al tuyo: “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza”. Sí, Redentor misericordioso y todopoderoso, tu amor sobrepasa el conocimiento. ¡Oh, guárdame cerca de tu corazón de ahora en adelante y para siempre! Amén y amén.


Oración final:

SEÑOR, enséñanos a descansar en Ti cuando arrecian las tormentas, a reconocerte como nuestro refugio constante y a glorificarte aun en medio del dolor, confiando en que Tú estás cerca, obrando con amor y poder. Amén.

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