Confiar en Dios en todo tiempo: el descanso de la fe verdadera

Confíen en Él en todo tiempo, Salmo 62:8

Da a conocer al SEÑOR todos tus deseos, afanes y dolores del corazón con libertad, con la confiada expectativa de obtener de Él lo que quieres. No de vez en cuando,  sino en toda momento y ocasión: Confiar en Él en cada emergencia, para guiarnos en las dudas, para protegernos cuando estamos en peligro, para suplir cuando estamos necesitados, para fortalecernos cuando estamos desanimados en la aflicción más severa.

No todo el que acepta la verdad de lo que las Escrituras dicen de Cristo cree verdaderamente en Él. Creer en Cristo implica confiar plenamente en Él. No es ver el brazo extendido de un hombre en el agua lo que lo salvará de ahogarse, sino el aferrarse a Él. “Yo sé en quién he creído” 2 Timoteo 1:12. Nadie confiará fácilmente en un extraño. Abraham fue, en efecto, sin saber adónde, pero no fue con quien no conocía.

La verdadera fe es oración; la oración es hija de la fe. Así como el cristiano no puede orar sin fe, así también con fe no puede sino orar. El nuevo creyente como Pabló, viene al mundo espiritual clamando: Y por eso el SEÑOR le anuncia la gran noticia a Ananías de Saulo diciendo: “¡He aquí, él ora!”. Hechos 9:11 La fe permite al alma perseverar en la oración.

Job hablando del malvado pregunta: ¿invocará a Dios en todo tiempo?” Job 27:10. No; con el tiempo, algo lo hará reñir con aquello que nunca le gustó; mientras que el creyente sincero tiene algo en sí mismo que le impide abandonar la oración por completo, a menos que también deje de creer. La oración es el aliento mismo de la fe; si se detiene el aliento, muere.

La fe puede vivir en medio de la tormenta, pero no permitirá que la tormenta la atraviese. A medida que la fe se eleva, el viento impetuoso de los pensamientos inquietantes y descontentos se calma. La fe alivia al alma en oración de aquello que la oprime; mientras que el alma incrédula aún carga con la causa de sus problemas, porque no deposita sus preocupaciones en Dios. Una fe débil llevará al cristiano al Cielo con la misma seguridad que una fe fuerte; pero el cristiano débil y dudoso probablemente no tendrá un viaje tan placentero como otro con una fe fuerte.

¿Por qué temen, hombres de poca fe?” Mateo 8:26. Esta es la fuga por donde entró el agua para hundir los ánimos: tenían “poca fe”. Lo que percibe el alma es lo que la calma. Si alguien teme que la casa le va a caer en una tormenta, aunque sea inamovible como una roca, eso no le tranquiliza hasta que lo crea. Confíemos en el SEÑOR, Todopoderoso en todo tiempo, para que podamos afirmar con valentía frente a hombres y demonios: “El SEÑOR es mi ayudador; no temeré….” Hebreos 13:6.- William Gurnall


Oración final:

SEÑOR, enséñanos a confiar en Ti en todo tiempo, a descansar plenamente en tu fidelidad y a vivir una fe que ora, persevera y se aferra a Ti aun en medio de la tormenta. Amén.

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