Un tesoro inagotable en la Palabra de Dios

Me regocijo en Tu Palabra, como quien halla un gran botín. Salmo 119:162

La Biblia es el libro más antiguo y el más nuevo. Abarca todo el tiempo y se adentra en las infinitas profundidades de la eternidad. Presta un interés vívido y absorbente a las escenas y acontecimientos del pasado, y nos mantiene en la más activa sintonía con el tiempo en que vivimos. Nos proporciona el registro más fiable de lo que ha sido y nos proporciona el único medio para conocer lo que está por venir. La Biblia ha sido comparada con una fuente de agua viva: la fuente es siempre la misma, pero el agua siempre es fresca.

Sí, la Biblia siempre es nueva, instructiva y deleitable. Cuanto más la leo más quiero leerla. Aunque conozca palabra por palabra, el contenido completo de algún capítulo de las Escrituras; y aunque se haya tomado el tiempo de reflexionar cuidadosamente sobre cada frase, en cada ocasión posterior, siempre que se vuelve a leer con un espíritu de humilde indagación, son reveladas nuevas joyas y experimentados nuevos deleites como nunca antes. Los pasajes más familiares aunque hayan sido leídos mil veces resultan tan refrescantes en la primera como en la última lectura.

Es nuestro deber leer y meditar en la Palabra, solo puede sernos útil mediante la iluminación del Espíritu de Dios. Es mediante la continua confianza en la enseñanza del Espíritu, en y por la Palabra, y al integrar la fe en ella, que llegamos a descubrir su valor y deleite. Porque entonces nos abre un nuevo mundo, un mundo espiritual y eterno. Gracias al SEÑOR por Su Espíritu quien me reveló Su Palabra, me abrió los ojos para ver las maravillas de Su ley, y me hace alzar la vista y decir: “¡Oh, cuán dulces son Tus palabras a mi paladar; sí, más dulces que la miel a mi boca!”.

Sí, el SEÑOR ha hecho Su Palabra muy preciosa para mí. Mi amor por ella ha crecido mucho en sabor y valor: en sabor, es más dulce que la miel; en valor, es más preciosa que el oro, sí, ¡que mucho oro refinado! A medida que excavo más profundo, la mina se enriquece, y los tesoros de la gracia se multiplican enormemente al ser las garantías Divinas. -William Romaine  “¡Un espíritu humilde y de oración encontrará mil cosas en la Biblia que el estudiante orgulloso y engreído no podrá discernir en absoluto!” -JC Ryle


Oración final: SEÑOR, danos siempre un corazón humilde y expectante para acercarnos a Tu Palabra, y permítenos hallar en ella, cada día, el tesoro vivo que alimenta nuestra fe y transforma nuestra vida.

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