No confíes en tu corazón: somételo a la verdad de Dios

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso .” Jeremías 17:9

Nuestra cultura promueve el corazón como una brújula confiable. La Palabra lo revela como un instrumento defectuoso y roto. Nunca adula el corazón humano; pero lo expone ¡declara que el corazón no es solamente indigno de confianza, sino engañoso y malvado! En las Escrituras, el “corazón” se refiere a la esencia de la persona. Incluye la mente, la voluntad, los deseos, las emociones y el razonamiento moral.

Decir que el corazón es engañoso significa que miente, especialmente a su dueño. Decir que es desesperadamente perverso, significa que es moralmente corrupto y no tiene posibilidad de reparación. Por lo tanto, el verdadero problema de cada uno de nosotros es nuestro corazón engañoso y perverso. El autoengaño es nuestro mayor peligro.

Jesús mismo confirmó el diagnóstico de Jeremías: “Porque de dentro del corazón de los hombres salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, el robo, el homicidio, el adulterio, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la insensatez. Todos estos males salen de dentro, y son los que contaminan al hombre” Marcos 7:21-23.

Cuando las emociones se elevan por encima de la Palabra de Dios, los sentimientos se convierten en dioses funcionales. Nuestros sentimientos nunca son una guía confiable hacia la verdad. Las emociones responden a las percepciones, no a la realidad. La sabiduría somete las emociones a la verdad de Dios, no la verdad a las emociones. La Palabra de Dios, no las impresiones internas, es la norma de la verdad. El corazón debe ser juzgado por las Escrituras, no al revés.

El Evangelio no rehabilita el viejo corazón, sino que lo reemplaza. Quienes confían sinceramente en Jesús reciben nuevos deseos, nuevos afectos y un nuevo modelo de verdad. Sin embargo, aun así, la Escritura nunca manda a los creyentes a confiar en su corazón, sino a examinarlo todo, según la Biblia, 1 Tesalonicenses 5:21 No confíes en tu corazón. Confía en Dios, quien lo expone, lo redime y lo gobierna, para su gloria y tu bien eterno.-C.Spurgeon


Oración final:

SEÑOR, somete nuestro corazón a tu Palabra, límpialo con tu verdad y gobiérnalo por tu Espíritu, para que vivamos para tu gloria y no seamos guiados por el engaño, sino por la verdad eterna. Amén.

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