Cristo: el corazón y la plenitud de las Escrituras

«Era necesario que se cumplieran todas las cosas que están escritas acerca de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos». Lucas 24:44

En Cristo el Mesías, en Jesús el Salvador, en el Hijo de Dios el Redentor, se centran todas las verdades de la Biblia. ¡A Él apuntan todos los tipos y sombras! ¡De Él dan testimonio todas las profecías! Mientras que toda la gloria de las Escrituras, desde Génesis hasta Apocalipsis, culmina en la cruz de Cristo.

La Biblia sería un misterio inexplicable sin Cristo, quien lo revela y lo explica todo. Él es el único, la Llave de Oro que abre el tesoro divino de la revelación. Cuando Él es encontrado en la Biblia, es una revelación gloriosa; cada misterio abierto, cada enigma explicado, cada verdad y página vivificada con una vida y una luz que fluye desde el trono del Dios Eterno.

Cristo es la sustancia del Evangelio. Todas sus doctrinas divinas, sus instrucciones llenas de gracia, sus preciosas promesas, sus gloriosas esperanzas, se encuentran, se centran y llenan todo su alcance en Jesús. Él es el Alfa y la Omega de la Biblia, desde el primer versículo del Génesis hasta el último versículo del Apocalipsis. Estudien las Escrituras con la visión de aprender de Cristo. ¡La Biblia es el Libro de Jesús! ¡Revela a Cristo! El A. Testamento predice el Nuevo; y el Nuevo cumple el Antiguo; Y así ambos se unen para testificar: «¡Verdaderamente, este es el Hijo de Dios!».

¡Bendito SEÑOR Jesús! Leeré, estudiaré y profundizaré en las Escrituras para encontrarte y aprender más de ti. Tú, Emanuel, eres la fragancia de esta divina caja de ungüento precioso. Eres la hermosa gema que brilla en este gabinete divino. Eres el Árbol de la Vida plantado en el centro de este jardín divino. Eres el Océano cuya corriente vivifica y nutre a todos los que extraen agua de este divino pozo de salvación. ¡La Biblia trata de Ti! – Octavius Winslow

Oración final

SEÑOR Jesús, abre nuestros ojos para verte en toda la Escritura. Que al leer tu Palabra no busquemos solo conocimiento, sino comunión contigo. Sé tú la luz que ilumina cada página y el tesoro que anhela nuestra alma. Amén.

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