Un corazón que solo desea a Dios

«¿A quién tengo en los cielos sino a ti? ¡ Y fuera de ti nada deseo en la tierra !» Salmo 73:25

Un deseo verdadero por el SEÑOR es desinteresado. El aroma del ungüento de las gracias de Cristo atrae los deseos del creyente, Su esposa. Cantares 1:3. Un verdadero creyente lo desea no solo por lo que Él tiene, sino por lo que Él es; no solo por sus recompensas, sino por su santidad. Ningún hipócrita puede desear al SEÑOR así. Lo desea por sus joyas, ¡pero no por su belleza!

Un verdadero deseo por el SEÑOR es insaciable. El alma no puede satisfacerse sin Él; aunque el mundo acumule sus honores y riquezas, éstas no sacian. Deseamos a Cristo, no solo más que al mundo, ¡sino más que el Cielo! «¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?» ¡Y fuera de ti nada deseo en la tierra! Nada saciará la sed del alma, ¡excepto la Sangre de Cristo! Como el ciervo brama con urgencia sediento por las aguas, así anhela mi alma tu presencia. Salmo 42:1

El alma piadosa siempre desea más y más, !mi alma tiene sed del Dios vivo» Salmo 42:2. Una gota de agua no es suficiente para el viajero sediento, así mismo el alma nunca dejará de anhelar hasta ver al SEÑOR cara a cara. «Quedaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. Salmo 17:15». ¡Anhela que la gracia se perfeccione en gloria! Anhela sumergirse por completo en la dulzura del SEÑOR. ¡Sí, quiere ser absorbida por Él y bañarse para siempre en esas aguas perfumadas y placenteras que fluyen a su diestra!

Sin duda, este sincero deseo por el SEÑOR, es una bendita señal de que el reino de la gracia ha llegado a nuestros corazones. ¡El latido de este pulso demuestra vida! Los deseos del SEÑOR provienen del SEÑOR. Si el hierro se mueve hacia arriba en contra de su naturaleza, es señal de que un imán lo ha estado atrayendo. De la misma manera, si el alma se acerca al SEÑOR y Dios, con deseos sinceros, ¡es señal de que el imán del Espíritu Santo la ha estado atrayendo! ¡Amén! – Thomas Watson

Oración final:

Señor, aumenta en nosotros el deseo sincero por tu presencia, para que nada en el cielo ni en la tierra sea más precioso que Tú.

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