
«¡Y yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo!» Mateo 28:20
¡Qué verdad tan excelsa y tierna es la vigilancia incansable de Cristo sobre su pueblo! Imagínate recorriendo un camino arduo, peligroso, con dolor. ¡Sin que lo sepas ni lo veas, hay Alguien que te rodea en todo momento! Deteniendo cada paso en falso, guiando cada duda, aliviando cada pena y supliendo cada necesidad. Todo está en calma y silencio; y, sin embargo, para tu asombro, justo en el momento crítico, llega el apoyo necesario, ¡sin saber de dónde ni de quién! ¡Esto no es solo imaginación, sino una realidad divina!
¡Jesús está cerca de ti en todo momento, invisible y a menudo desconocido! A veces te has quedado sin palabras ante la extraña intervención de la providencia y la gracia, cuando ninguna señal visible indicaba la fuente de tu ayuda. No hubo eco de pasos a tu lado, ni sombras fugaces en tu camino. Ninguna ley de la naturaleza se alteró; el sol no se detuvo, ni los cielos se abrieron. Y, sin embargo, la liberación eficaz llegó de repente, cuando era más necesario.
Fue Jesús, tu Redentor, tu Hermano, tu Pastor y tu Guía. Él fue quien, a tu alrededor, desconocido e inadvertido, te guardó como a la niña de sus ojos y te cobijó en el hueco de Su mano. Fue Él quien te armó de valentía para la lucha, quien infundió fuerza en tu espíritu y gracia en tu corazón cuando el peso de la calamidad te oprimía. El ojo que no duerme ¡estaba sobre ti! Sabía en qué horno te habían metido, y estuvo allí para templar la llama cuando parecía más intensa. Vio tu frágil embarcación luchando contra la tempestad, ¡y acudió a tu rescate en lo más álgido de la tormenta!
Siempre ha sido así con Sus hijos ¡Cuánto lo ha demostrado en tiempos de dificultad y duda! ¡Cuántas veces, en el momento más crítico, el SEÑOR se ha manifestado a tu favor! Tu necesidad ha sido suplida, tu duda resuelta, tu perplejidad guiada. ¡Nunca estás ni por un instante fuera de su corazón, de sus pensamientos, de sus manos ni de su mirada!
Has perdido algún ser querido o amigo, has sido traicionado, estás sufriendo escasez económica, alguna enfermedad ¡Jesús lo hizo! El SEÑOR dio, el SEÑOR quitó.
¡Jesús sigue siendo suficiente! Él no se ha apartado de ti, y nunca lo hará. Lleva tu corazón afligido y sangrante a Él, y depositalo en Su corazón, que una vez también estuvo afligido. Él sabe cómo vendar el corazón quebrantado, sanar el espíritu herido y consolar a los que lloran. Ves venir épocas de prueba inminente. Acude a Jesús, encomienda cada carga a Él ¡Él es una puerta siempre abierta! Es un Amigo tierno, amoroso y fiel, siempre cerca. Es un Hermano nacido para tu adversidad. Su gracia y compasión son suficientes. Acepta la debilidad, la cruz según surja. ¡Acércate a Él en todo momento y en toda circunstancia! «Estaré contigo Todos los días, hasta el fin del mundo». – Octavius Winslow
Oración final:
Señor Jesús, abre nuestros ojos para reconocer tu presencia constante y enséñanos a descansar en tu cuidado fiel cada día de nuestras vidas.