Tu Elim en Medio del Desierto

“Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas.”
📖 Éxodo 15:27

Si no fuera por el peregrinaje por el desierto, no podríamos conocer el refrigerio de Elim. Si no se probara la amargura de Mara, las aguas dulces de Elim perderían la mitad de su deleite. Por lo tanto, debemos agradecer a Dios por el difícil viaje, por las pruebas y las aflicciones del camino, pues en ellas aprendemos a disfrutar Su provisión.

Elim trae suministro y abundancia. El oasis tiene doce manantiales de agua, uno para cada tribu de Israel, símbolo de la provisión perfecta y suficiente de Dios. Si caminamos bajo Su liderazgo, en comunión con Su pueblo y hacia Su tierra prometida, descubrimos cuán grande y variada es la ayuda que el Rey del camino nos concede:
la Palabra de vida y paz, el Trono de la Gracia, y los días de dulce comunión cristiana que refrescan el alma.

Elim también trae sombra y descanso espiritual. Sobre los manantiales se alzan setenta palmeras, tantas como los setenta años de la vida humana (📖 Salmo 90:10), que nos recuerdan la protección constante de Dios en medio del calor del camino. Bajo esa sombra se encuentra Jesús, el Agua Viva, refugio del juicio, del pecado, de la tentación y del dolor.

“Acamparon allí junto a las aguas”, y así debería hacerlo también mi alma: descansar junto a las fuentes de Su gracia, confiando en Su provisión diaria. Si mi corazón deja de estar tranquilo o si dejo de cantar, es porque he olvidado las aguas del consuelo y las palmeras de Su misericordia.

Puede que mañana vuelva a sentir el sol del desierto, y que el fin del peregrinaje aún esté lejos, pero tengo el recuerdo alentador de Su provisión y Su sombra para fortalecerme. En este caminar, las pruebas son inevitables, pero puedo llevar mi Elim conmigo —la presencia de Cristo, la Palabra y Su Espíritu— a través de todo el gran desierto.
Nunca me faltarán las doce fuentes de agua y las setenta palmeras.
— Alexander Smellie


💧 Oración final:
Señor, gracias por ser mi Elim en el desierto, mi fuente de agua viva y mi sombra en el calor de las pruebas. Enséñame a descansar en Ti y a llevar Tu presencia dondequiera que vaya. Amén.

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