Cuando Dios descorteza tu higuera: del dolor a la restauración del alma 

17 OCTUBRE

“Ha asolado mi vid y descortezado mi higuera.” — Joel 1:7

Todo hombre tiene una higuera. Todos tenemos nuestras higueras, todos, ya sea que nazcamos en un asilo o seamos engendrados en un palacio. La higuera para cada uno puede ser de diferente tamaño, follaje y fruto. La higuera aquí representa lo que amamos; algo que nos apasiona y llena de placer. Para alguien la higuera representa una fortuna abundante; para otro, una salud floreciente; para otro, el éxito en los negocios; para otro las riquezas, un familiar querido; para otro, un niño encantador; para otro, un hogar feliz.

Descortezar la higuera quiere decir pelarla, dejarla desnuda, hacerla sangrar, y entonces la higuera a la que estamos aferrados se marchita y muere. Todo hombre sin excepción está expuesto a que su higuera sea descortezada. La amplia fortuna se puede reducir, la salud se debilita, el éxito sorprendente se revierte, las brillantes perspectivas se nublan, el familiar querido muere, el hogar feliz se destruye. Dolorpérdidatristezadesilusión y tentaciónmuerte y juicio: nos esperan a todos.

Es así que el ídolo del corazón debe morir antes de que podamos vivir. Debe ser descortezada la higuera antes de que seamos guiados a entregar a Dios nuestro corazón y a Cristo nuestro servicio. Sí, así es. Las pérdidas espirituales resultan en incalculables bendiciones del cielo para el perdedor. Producen una piadosa consideración, y el Espíritu Santo convierte la higuera descortezada en el medio y la ocasión de su conversión a Dios.

Cuando Dios descorteza nuestra higuera, es para abrir las Escrituras a nuestros corazones. De hecho, el dolor es la enseñanza más profunda. ¡Qué diferente ha sido la Biblia cuando la higuera está en su mejor momento, de lo que es cuando está descortezada y marchita! “Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos.” — Salmo 119:71. La Biblia podría considerarse un manual de consuelo para los afligidos. Nada es más útil para calmar el dolor y aliviar la angustia que su lectura devota.

Dios descorteza nuestra higuera, para fomentar la compasión. Jesús aprendió a compadecerse de su pueblo, no en la cima de la gloria, sino cuando fue llevado como cordero al matadero, y en la oscuridad de la hora novena dijo: “¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!”. Nuestra higuera descortezada nos inspira una tierna empatía que surge de la experiencia vivida, por quienes sufren, algo que el solo conocimiento jamás puede dar.

La higuera descortezada enseña mentalidad celestial, así: “Considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que nos será revelada.” — Romanos 8:18. Recuerda que aquí no hay nada seguro, hasta que llegues a ese mundo donde tendrás una vida eterna y gloriosa, aprende a decir: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre.” — Salmo 73:25-26.

Oración final: SEÑOR,cuando descortezas mi higuera, ayúdame a no resistirme, sino a entender que en cada pérdida hay una siembra de gracia. Que mi corazón encuentre en Ti su fortaleza y mi alma aprenda a florecer solo bajo Tu luz. 

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