
AGOSTO 29
«Por eso me deleito en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones, en angustias, por amor a Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.» – 2 Corintios 12:10
La Palabra de Dios nos recuerda que hay una bendición en la debilidad, porque ella nos enseña a depender de Cristo. Cuando creemos ser fuertes por nosotros mismos, en realidad estamos en nuestra mayor debilidad, pues confiamos en nuestras propias fuerzas y dejamos de buscar la ayuda divina. Pero cuando reconocemos nuestras limitaciones y acudimos a Cristo, entonces recibimos Su fuerza y somos verdaderamente fuertes.
Muchos ven su debilidad como un obstáculo para servir a Dios, o como una excusa para no avanzar en su vida espiritual. Sin embargo, si entregamos nuestra fragilidad a Cristo, Él transforma nuestra debilidad en fortaleza, porque Su poder se perfecciona en nuestra debilidad (2 Cor. 12:9). Lo que falta en la fuerza humana, lo llena Su fuerza divina.
El apóstol Pablo aprendió este secreto y se glorio en sus debilidades, porque en ellas la fuerza de Cristo descansaba sobre él. Así, cuando era débil en sí mismo, era fuerte en el poder de Dios. Este es el bendito secreto de la vida cristiana: reconocer nuestra insuficiencia y apoyarnos plenamente en Cristo.
La debilidad por sí sola es como un peso que nos paraliza. Pero cuando la entregamos a Jesús, Él lleva nuestra carga y nos fortalece. No siempre quitará la debilidad, pero promete llenarnos con Su poder para ser más que vencedores. Así, en Cristo podemos decir con certeza: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
El secreto está solo en Cristo, y todo discípulo humilde puede encontrar en Él la verdadera fortaleza. – J. R. Miller
🙏 Oración: SEÑOR, gracias porque en mi debilidad me haces fuerte. Enséñame a no confiar en mí mismo, sino a depender de tu poder en todo momento. Que mi fragilidad sea el lugar donde tu fuerza se perfeccione y tu gloria se manifieste. Amén.
Amén, preciosa reflexión, muchas bendiciones del Señor.