
JULIO 29
«¿Acaso todo debe hacerse a tu manera? Es Dios quien decide qué hacer, y no tú.» — Job 34:33
Somos propensos a estar inquietos, a quejarnos de las disposiciones de la Divina Providencia y a reflexionar duramente sobre los tratos del SEÑOR con nosotros. Queremos que todo se haga a nuestra manera. Queremos ser tratados como los favoritos de Dios, que nuestra comodidad, prosperidad y placer sean consultados en todas las cosas. Pero, si esto no se hace, si nuestras voluntades se contradicen, si nuestros planes se frustran, si nuestros propósitos se truncan, entonces nos sentimos maltratados y buscamos que todos simpaticen con nosotros.
Bajo estas circunstancias, Dios viene a nosotros mientras nos sentimos derrotados, rodeados de nuestros ídolos destronados, sobre todo nuestro «ego», y nos hace esta pregunta: «¿Acaso todo debe hacerse a tu manera?» ¿Eres más sabio, más bondadoso, más santo, más justo que Dios? ¿Estás mejor informado que Él? Si piensas así, tu mente es oscura, insensata y egoísta.
Recuerda que Dios actúa con la más alta sabiduría, sus motivos son la gracia y la justicia, y todos sus propósitos son dignos de Él. Lo mínimo que puede hacer el cristiano es someterse y preferir la sabiduría, los caminos y las obras perfectas de Dios a los suyos. Puesto que Dios ha dispuesto todos los acontecimientos de tal manera que todas las cosas «deben obrar conjuntamente para el bien de su pueblo,» ellos, al menos, deberían decir a diario: «¡Padre, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo!» (Mateo 6:10).
Oh alma mía, busca la gracia de Dios, no solo para someterte y resignarte a las disposiciones de la Divina Providencia, sino para recibirlas con agrado en su totalidad. Tu bien está incluido; tus mejores intereses están asegurados. Pronto, muy pronto, se verá que la sabiduría, la misericordia infinita, la gracia y la bondad Divinas, han marcado cada paso de tu camino. Jesús respondió: «Lo que yo hago, no lo entiendes ahora; pero lo entenderás después» (Juan 13:7).
📖 — James Smith
🙏 Oración final:
Padre amado, perdona mi tendencia a querer que todo se haga según mi voluntad. Enséñame a confiar en tus caminos perfectos, a aceptar tus planes con gratitud y a vivir en obediencia a tu propósito eterno. Amén.