
JULIO 10
📖 «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.»
— Salmo 139:23-24
A menudo nos preguntamos cómo vernos a nosotros mismos con claridad. Pero hay pecados ocultos, pensamientos erróneos y actitudes interiores invisibles incluso para nuestra propia conciencia. Es por eso que David clama al Señor: “Examíname, oh Dios”. Sabía que sólo Dios puede escudriñar las profundidades del corazón humano y revelar aquello que está fuera de nuestra vista.
Incluso las personas más sinceras pueden no percibir sus errores desconocidos. Como escribió también David:
«¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.»
— Salmo 19:12
🧠 El corazón humano: engañoso y parcial
Tenemos una inclinación natural a justificarnos, a pasar por alto nuestras fallas y a magnificar nuestras virtudes. Vemos nuestras buenas cualidades con lupa, y nuestras fallas con lentes invertidas. Esta es la naturaleza del ser humano: prejuicios personales, autocompasión, y una sorprendente ceguera espiritual.
“Nuestra conciencia no es el tribunal final. Solo Dios ve con claridad perfecta.” — J.R. Miller
No es suficiente sentirnos en paz con nosotros mismos. Necesitamos que el Espíritu Santo revele si hay orgullo escondido, egoísmo disfrazado, envidia oculta o motivaciones contaminadas. Solo así podemos caminar realmente en el camino eterno que Dios desea para nosotros.
🪞 Como David ante Natán
Recordemos al rey David. Cuando Natán le contó la historia del hombre rico que robó la única oveja del pobre, David se indignó: “¡Este hombre debe morir!” Sin saber que el hombre era él mismo.
“¡Tú eres aquel hombre!” — 2 Samuel 12:7
Así somos todos. Nos falta discernimiento espiritual sobre nuestras propias vidas. Por eso, la oración del salmista no es solo necesaria, sino urgente:
“Pruébame… y guíame.” — Salmo 139:23-24
🙏 Oración Final
Dios eterno, escudriña lo más profundo de mi corazón. Muéstrame lo que mis ojos no pueden ver, lo que mi conciencia ha ocultado o normalizado. Reprende mi orgullo, mi autosuficiencia y mi manera limitada de juzgarme a mí mismo.
Purifica mis pensamientos, Señor. Libérame de pecados secretos, de caminos torcidos que no reconozco. Como David, clamo a ti: examíname, pruébame y guíame en tu verdad. Que tu luz me revele, y tu gracia me transforme.
No quiero caminar a ciegas en mis propias ideas. Quiero que tu Espíritu me guíe por el camino eterno, donde tus ojos sean mi espejo y tu Palabra mi verdad.
En el nombre de Jesús, amén.
✍️ J.R. Miller – Devocional adaptado con fines de reflexión espiritual y optimización para lectura digital.