¿Camino ancho o camino angosto? Elige el que lleva a la vida eterna

JUNIO 27

Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición… pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida.”
— Mateo 7:13-14

En la vida cristiana, nos enfrentamos cada día a una elección eterna: seguir el camino ancho que lleva a la perdición, o entrar por la puerta estrecha que lleva a la vida eterna. Este pasaje de Mateo nos confronta con la verdad: la vida cristiana auténtica no es un paseo cómodo, sino una jornada de fe marcada por pruebas, decisiones conscientes y dependencia de Dios.

A lo largo del camino hacia el cielo, encontrarás valles de tristeza profunda, montañas de dificultad, situaciones torcidas que no puedes enderezar y obstáculos que no puedes superar solo. Estos momentos no son señales de abandono, sino oportunidades para buscar la ayuda del cielo, para confiar más profundamente en la gracia de Dios, que es suficiente para sostenernos.

“Estas dificultades desconcertantes son precisamente lo que hace de ti un caso a favor del evangelio.”
— J.C. Philpot

Las pruebas no son casuales. Son parte del plan sabio y lleno de amor que Dios diseñó para tu alma. Si pudiéramos ver con ojos espirituales, entenderíamos que cada valle y cada cuesta son parte de un mapa divino que apunta a nuestra transformación y redención. La salvación por gracia no elimina las dificultades, pero nos garantiza la presencia de Cristo en cada paso.

Es natural desear la tranquilidad, soñar con una vida sin dolor, ni pruebas ni preocupaciones. Muchos quisieran llegar al cielo por un camino de rosas, sin renuncias ni luchas internas. Pero ese no es el plan de Dios. La Palabra, los sufrimientos de Cristo y la historia de los creyentes testifican una y otra vez que el camino fácil no lleva a la vida.

“La tranquilidad y esa prosperidad que destruye a los necios”
— Proverbios 1:32

El camino ancho representa un estilo de vida cómodo, complaciente, sin resistencia al pecado. Pero esa misma comodidad se convierte en una trampa. En cambio, el camino angosto, aunque parezca difícil, es el camino donde crece la fe, se fortalece el carácter y se disfruta la verdadera libertad espiritual.

“No es tan fácil como parece andar por el camino ancho, ni tan difícil como parece andar por el angosto.”
— Alexander McLaren

La libertad verdadera no consiste en hacer lo que uno quiere, sino en querer hacer lo que se debe. El libertinaje promete alegría, pero deja vacío. Los placeres terrenales pierden su encanto con el tiempo, pero aumentan su dominio. Muchos descubren tarde que lo que parecía libertad, era en realidad esclavitud emocional, espiritual y física.

“Cuando creían haber comprado un gozo, se han vendido como esclavos a un amo.”
— Alexander McLaren

Por eso, aunque el camino angosto exija dominio propio, negarse a ciertos hábitos, y avanzar contra la corriente, elige ese camino, porque lleva a la vida eterna. La otra ruta —el camino amplio, popular y sin restricciones— termina en pérdida. La verdadera plenitud se encuentra en caminar con Dios, en comunión con Cristo, incluso cuando el camino es empinado.

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