
JUNIO 16
“No tendrás dioses ajenos delante de mí” – Éxodo 20:3
Nos llama a amarlo con totalidad, a servirlo con todo lo que somos y a buscar en Él nuestra verdadera felicidad.
«Amarás al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento»
– Mateo 22:37-38
¿Qué es realmente un ídolo hoy?
Un ídolo no es solo una estatua. Un ídolo es todo aquello que amamos más que a Dios, que buscamos más, que deseamos complacer más, o en lo que más confiamos para ser felices.
- Puede ser un amigo, una posesión, un sueño,
- o incluso nosotros mismos.
“¡Estos son los ídolos del corazón!”
El “yo”: el ídolo más sutil y común
El ego es el rival más silencioso pero poderoso de Dios en el corazón humano.
Nos impulsa al egoísmo, a la autodependencia, a buscar aprobación, admiración y comodidad personal.
Incluso en lo que hacemos «para Dios», a veces el verdadero motor es el deseo de reconocimiento humano.
«Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el SEÑOR y no para los hombres, porque ya saben que el SEÑOR les dará la herencia como recompensa, pues ustedes sirven a Cristo el SEÑOR.» – Colosenses 3:23-24
Dios, que conoce los corazones, conoce cuánto ego hay detrás de nuestras acciones más brillantes. El “yo” contamina nuestros afectos, debilita nuestros motivos
y reduce nuestras buenas obras a ofrendas vacías si no vienen de un corazón humilde y rendido.
Otro ídolo peligroso: el mundo
«No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.» – 1 Juan 2:15
El mundo no solo es el pecado evidente (lujuria, avaricia, vanidad),también es todo aquello que, aunque sea justo y bueno, compite con Dios por el trono de nuestro corazón.
- Tu negocio
- Tu familia
- Tu pareja
- Tus hijos
- Tu bienestar
Todo eso puede convertirse en un ídolo si ocupa más espacio que Dios en tu corazón.
«El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.»
– Mateo 10:37 No se trata de no amar lo que Dios nos da. Se trata de amarlo a Él por encima de todo.
¿Qué hacer entonces?
Este versículo debería hacer eco en nuestras vidas: «No tendrás dioses ajenos delante de mí.»
Y recordarnos esta advertencia: «Hijitos, aléjense de todo lo que pueda ocupar el lugar de Dios en el corazón.» – 1 Juan 5:21
Reflexiona hoy:
- ¿Hay algo que amas o temes perder más que a Dios?
- ¿Te impulsa más tu ego que tu devoción?
- ¿Estás buscando en el mundo la felicidad que solo Dios puede dar?
Pídele al Espíritu Santo que examine tu corazón, y renueve tu compromiso de amar y servir solo al SEÑOR. Amén. – John A. James