
JUNIO 13
¿Esto agrada a Dios?
"Les rogamos en el nombre del SEÑOR Jesús que vivan de una manera que le agrada a Dios, tal como les enseñamos." – 1 Tesalonicenses 4:1
En todo lugar, en toda circunstancia, en toda empresa, el cristiano debería preguntarse: “¿Esto agrada a Dios?” Esta pregunta es el corazón de una vida cristiana auténtica. Dios se complace o se desagrada con cada pensamiento, cada palabra, cada acción y cada emoción que tenemos.
Tal vez no lo pensamos con frecuencia, pero vivir para agradar a Dios es el propósito principal de nuestra existencia. Él nos dio el ser, nos redimió del pecado y de la condenación eterna, nos llamó por su gracia y nos bendijo con infinitas bendiciones espirituales. ¿Cómo responder a tanto amor? Glorificándolo. Y la manera práctica de hacerlo es buscar, en cada aspecto de la vida, lo que le agrada.
Si perdemos esto de vista, olvidamos el fin supremo del cristiano: vivir para Dios, no para nosotros mismos.
¿Cómo agradamos a Dios en lo cotidiano?
La forma en que uso mi tiempo libre: Muchos creyentes no consideran si el uso de su tiempo libre agrada o no a Dios. Si lo hicieran, el mundo tendría menos de su atención y el lugar de la oración más visitas. Cuánto tiempo se invierte en cosas frívolas que no nutren el alma, ni fortalecen el cuerpo ni el espíritu.
El manejo del dinero: Otros malgastan su dinero en compras impulsivas, acumulando cosas innecesarias. Como el hijo pródigo que desperdició su herencia viviendo para sí mismo (Lucas 15:13), muchos cristianos olvidan que incluso sus recursos deben usarse para glorificar al SEÑOR.
Cuando surja la tentación de gastar sin necesidad, es bueno preguntarse: “¿Esto agrada a Dios?” Quizás al hacerlo, se redirigirá ese dinero hacia propósitos eternos y generosos que reflejen el corazón de Dios.
"Y oramos esto para que vivan una vida digna del SEÑOR y le agraden en Todo." – Colosenses 1:10 Ese es el llamado: agradar a Dios en todo. Hacer de esto mi objetivo diario, mi meta suprema, mi razón de ser.
Agradar a Dios es vivir con propósito
No tengo nada que temer, excepto Su desagrado; nada que buscar, excepto Su aprobación. Si mi Padre celestial está complacido conmigo, eso basta. Y qué gran consuelo saber que Dios no se complace en las obras grandiosas por sí solas, sino en el motivo del corazón. No es la cantidad, sino la intención. A veces, un pequeño acto hecho por amor a Él —como dar un vaso de agua en Su nombre— le agrada profundamente. “Se complace con mis servicios más imperfectos… ¡si mi objetivo es complacerlo!” – James Smith
De modo que cada día, en cada decisión, cada gasto, cada conversación, cada emoción y cada intención, debemos preguntarnos con humildad: “¿Esto agrada a Dios?”Si la respuesta es sí, glorificamos a Aquel que lo ha hecho posible. "Así que, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, ¡háganlo Todo para la gloria de Dios!" – 1 Corintios 10:31
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