
JUNIO 6
«Velen, pues, en todo tiempo, orando…» – Lucas 21:36
¿Por qué es tan importante orar en todo momento? Porque la oración es la prueba de que hemos sido regenerados, la manifestación de la gracia en nuestros corazones y la evidencia de nuestro derecho a mansiones en los cielos. Cuando hablamos del poder de la oración, hablamos del aliento del alma renovada, del latido del corazón santificado, del efecto de la vida de Dios en nosotros.
La oración debería convertirse en un hábito diario. Si te preguntas cómo orar de forma efectiva, empieza por pedirle al Señor un espíritu de oración. ¡Oh SEÑOR, danos espíritu de oración! Nunca pidas aquello que a Dios no le agrada ni que esté en contra de su voluntad.
Si queremos mantener firme nuestra fe, honrar a Jesús, disfrutar de nuestras bendiciones, ver que todas las cosas nos ayudan a bien, vencer a Satanás y sus engaños, y dominar los deseos carnales, debemos orar con fe. La oración eficaz nos conecta con el cielo, nos anticipa las alegrías del paraíso, nos impulsa a perdonar, nos da paciencia ante la cruz y fuerza para escalar las colinas más altas en nuestro camino a la vida eterna.
¿Qué hacer cuando estás tentado, atribulado o confundido? Ora.
- Si estás en tentación, ora y vencerás.
- Si estás atribulado, ora y Dios te librará.
- Si estás confundido, ora y Dios te mostrará el camino.
- Si tienes dudas, ora y Él las disipará.
- Si tienes miedo, ora y Él fortalecerá tu alma.
- Si estás enfermo, ora y Él será tu medicina.
Y si aún no conoces al Señor, pecador perdido, ora, porque el mismo Dios que escuchó al publicano y lo justificó, también puede escucharte, salvarte, y darte paz en el día final. – James Smith
En resumen, como lo expresó William Huntington:
«La oración es el bendito medio que Dios ha designado para traer toda la gracia de Cristo al creyente. El creyente debe dar a conocer sus peticiones a Dios, y para alentarlo, Él dice: ‘La oración de los rectos es su deleite’ (Prov. 15:8). Sí, Él dice que le encanta escuchar a su esposa, la iglesia, el creyente: ‘Déjame escuchar tu voz…. ¡Es tan dulce el escucharte!’ (Cantares 2:14)».