MAYO 6

«Meditaré en toda tu obra, y reflexionaré en tus hechos». Salmo 77:12

Es muy lamentable que quienes profesan un apego sincero al Redentor, tengan tan poco pensamiento en Él. Las preocupaciones, deseos, temores y esperanzas mundanas prevalecen en la mente. Los afectos terrenales y sensuales llenan el corazón, de modo que no dejan espacio ni inclinación alguna para pensamientos espirituales y celestiales. ¡Nuestros pensamientos deberían emplearse en meditar mucho en el amor de Cristo, infinitamente glorioso a quien le debemos la liberación de la mayor miseria y toda la esperanza que tenemos de ser un día ascendidos a la gloria y la felicidad eternas!

Él derramó su santa alma en agonía bajo la maldición de la ley vengadora, ¡para hacerme partícipe de la bienaventuranza eterna! Él cumplió perfectamente los preceptos de esa santa ley, para que nosotros, por su obediencia, fuéramos hechos justos. Este adorable Redentor pensó en nosotros mucho antes de que se estableciera el mundo. Nos llevó en su corazón cuando colgaba de la cruz; cuando fue desgarrado por las heridas y atormentado por el dolor; cuando derramó sus últimos gemidos y su sangre. «Meditaré en toda tu obra, y reflexionaré en tus hechos»

Nos recuerda ahora, cuando es exaltado a la diestra de la Majestad en los cielos; ¡y nunca, jamás, nos olvidará por los siglos de la eternidad! Por tanto, debemos pensar en Él! Impresionados por su eterna bondad, deberíamos estar dispuestos a decir, como los cautivos de Babilonia respecto a su amada ciudad, Jerusalén: «Si me olvido de Ti, oh bendito Jesús, que mi diestra pierda su destreza. ¡Que mi lengua se pegue al paladar si no te recuerdo, si no te hago mi mayor alegría!». Sal.137:5-6

¡Qué santos arrebatos de alma, qué divinos deleites han experimentado muchos cristianos al meditar en las glorias del Redentor! Ascendiendo al monte de la contemplación, sus almas han alzado el vuelo y han explorado la altura y la profundidad, la longitud y la anchura del amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento. Han visto con los ojos de la fe que Él es infinitamente hermoso en sí mismo, que Él es la admiración de los ángeles, el amado del Cielo y el deleite del Padre.

Lo han contemplado en el resplandor de su inefable gloria, revestido de majestad y honor indescriptibles. Han quedado cautivados por la dulzura de su rostro, y han dicho de Él: «Él es el distinguido entre diez mil, y todo él es un encanto». Cant.5:10-16 También han considerado su propia indignidad y han dicho: «Puede un pecador tan grande como yo ser merecedor de su amor en lugar de su eterno aborrecimiento, ¡me ha amado hasta el punto de entregarse por mí! ¡Oh, qué maravillosa bondad es esta!  ¡Está mi nombre indigno escrito en su libro de la vida! ¡He sido redimido por su sangre, renovado por su Espíritu, embellecido con su hermosura y revestido de su justicia! ¡Oh, qué maravilla de maravillas!

¡Cómo puedo abstenerme de amar a este adorable Salvador! ¡Si tuviera mil vidas, mil almas, todas estarían dedicadas a Él! ¡Dejo vanidades tentadoras de este mundo vil, honores aduladores, riquezas engañosas! ¡Jesús es mi todo! ¡Él es mi luz, mi vida, mi inagotable Tesoro, mi porción eterna! «Centro mi atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra» Col. 3:2 Nada bajo los cielos merece mi amor. Precioso Redentor, en Ti se colman los deseos inagotables de mi alma. ¡Anhelo dejar esta morada de barro y descansar en el seno de tu amor para siempre! «Meditaré en toda tu obra, y reflexionaré en tus hechos». -John Fawcett

Deja un comentario