
MAYO 29
Devocional: El Espíritu de Su Hijo en nuestros corazones
“Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones.” – Gálatas 4:6
Este versículo nos revela una realidad gloriosa: no solo somos adoptados como hijos por Dios, sino que también hemos recibido al Espíritu Santo, el mismo Espíritu de Cristo, en nuestros corazones. Esta verdad es central para nuestra vida cristiana, y nos recuerda que sin la obra del Espíritu Santo, todo lo que Cristo hizo por nosotros seguiría siendo ajeno a nosotros.
Como lo explicó profundamente Charles Spurgeon:
“Cristo en la cruz no tiene ningún valor para nosotros sin el Espíritu Santo en nosotros. En vano fluye esa sangre si el dedo del Espíritu no la aplica a nuestra conciencia; en vano se forja ese manto de justicia si el Espíritu Santo no nos envuelve con él y nos viste con sus preciosos pliegues. El río del agua de vida no puede saciar nuestra sed hasta que el Espíritu nos presenta la copa y la lleva a nuestros labios.”
El paraíso de Dios, con todos sus bienes celestiales, no tendría sentido para un alma muerta. Y estamos muertos, espiritualmente, hasta que el Espíritu Santo viene a soplar vida sobre nosotros.
“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.” – Romanos 8:6
Por eso no dudamos en afirmar que le debemos tanto al Espíritu Santo como al mismo Cristo. No solo por darnos vida, sino por ser quien nos aplica los méritos de la cruz, nos reviste con la justicia de Cristo y nos conduce a la comunión real con el Padre.
Spurgeon lo explica así:
“Tú, oh Padre, eres la fuente de toda gracia, todo amor y toda misericordia hacia nosotros. Tú, oh Hijo, eres el canal de la misericordia de tu Padre, y sin ti, el amor de tu Padre jamás podría fluir hacia nosotros. Y tú, oh Espíritu, eres quien nos permite recibir esa virtud divina que fluye de la fuente, el Padre, por medio de Cristo, el canal, y que, por tu medio, entra en nuestro corazón y allí permanece, produciendo su glorioso fruto.”
“Magnifica, pues, al Espíritu. Nunca ha habido un pensamiento celestial, una obra sagrada o un acto consagrado, aceptable a Dios por Jesucristo, que no haya sido obrado en nosotros por el Espíritu Santo.” – C. H. Spurgeon
Conclusión: Una vida conforme al Espíritu
Si hemos nacido de nuevo por medio de la fe en Jesucristo, y el Espíritu de Dios mora en nosotros, no debemos buscar la santidad ni por esfuerzos humanos, ni por señales o emociones extraordinarias como confirmación de Su presencia.
La verdadera evidencia de Su obra en nosotros es que produce fruto en nuestra vida: nos hace más semejantes a Cristo, moldea nuestro carácter y nos aparta del pecado.
“Ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él.” – Romanos 8:9
Oración final:
Padre Celestial, gracias por hacerme tu hijo y enviar el Espíritu de tu Hijo a mi corazón. Espíritu Santo, reconozco que sin ti estoy muerto, y que todo lo que Jesús ganó por mí no puede vivificarme sin tu obra en mí. Aplícame Su sangre, revísteme con Su justicia, llévame a beber del agua viva. Que mi vida refleje tu fruto, tu guía y tu poder. No me dejes depender de mis fuerzas ni buscar señales, sino vivir por la fe que tú produces.
En el nombre de Jesús, amén.
Síguenos en TikTok:
https://www.tiktok.com/@palabraviva.7?_t=ZS-8wu64b91pLz&_r=1