ABRIL 6

«Meditaré en tus mandamientos(tu Palabra) y pondré mi atención en tus caminos». Salmo 119:15

Es en y a través de la meditación de la Palabra, que Dios da Sus más ricas y mejores bendiciones. Es en Su Palabra que Dios se revela. No podemos saber cómo es Él, ni cuáles son los atributos de Su carácter, sino meditemos en las Escrituras. No podemos aprender cuál es la voluntad de Dios, ni lo que Él quiere que hagamos y seamos , si no escudriñamos Su Palabra. No hay nada que necesitemos más que escuchar a Dios hablándonos cada mañana por Su Palabra. Por muy familiarizados que estemos con las Escrituras, necesitamos meditarlas de nuevo cada mañana para mantener siempre presentes sus elevados requisitos, y para no permitir que nuestro nivel de devoción disminuya.

Una de las maneras en que la Biblia nos ayuda es dándonos a conocer a Cristo. El cristiano más noble es aquel ante cuyos ojos el carácter de Jesús brilla con su máximo esplendor. De hecho, solo cuando tenemos visiones claras de Cristo, crecemos verdaderamente como Él. Cristo nunca nos parecerá realmente grande a menos que hagamos de su Palabra nuestro estudio diario. Y solo cuando Él se vuelva grande y glorioso en nuestros pensamientos, nuestro carácter y nivel de vida se elevarán a lo que deberían ser.

Muchas de las bendiciones que buscamos en oración solo pueden llegarnos a través de la Palabra de Dios. Anhelamos y pedimos ser mantenidos cerca del corazón de Cristo, pero nuestro Maestro nos dice que solo quienes guardan sus mandamientos permanecerán en su amor. Para guardar sus mandamientos, debemos conocerlos, y solo podemos conocerlos leyéndolos una y otra vez. Por la mañana, le pedimos a Dios que nos guíe durante el día, y en uno de los salmos se encuentra la oración: «Ordena mis pasos conforme a tu Palabra». Es decir, Dios nos guía por su Palabra. Si no leemos las palabras de Dios, ¿cómo recibiremos Su guía?

La guía que Él promete no es general, a grandes pasos, sino a pequeños pasos. El salmista dice: «Tu palabra es una lámpara a mis pies». No dice que la oración sea la lámpara, sino la Palabra. Debemos usarla como quien lleva una linterna para iluminar sus pasos. Oramos para ser librados del pecado, y en las Escrituras se dice: «En mi corazón he guardado tu palabra, para no pecar contra ti». Nuestras oraciones para ser librados del pecado sólo pueden ser respondidas si la Palabra de Dios penetra nuestro corazón.

Estas son sugerencias sobre la necesidad de leer y estudiar la Biblia a diario, así como de orar. Ninguna de las dos es completa por sí sola. Debemos hablar con Dios, pero también debemos escucharlo hablarnos a través de su Palabra. Debemos orar para recibir bendiciones, pero solo mediante las palabras divinas de las Escrituras podemos recibirlas.- JR Miller «Estudia la Palabra de Dios, para que tu fe no esté basada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios». -C.Spurgeon.

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