
«Muy breve es la vida que me has dado; ante ti, mis años no son nada. ¡El ser humano es como un soplo!» Salmo 39:5
Considera con seriedad que el hombre fué formado de tierra; concebido en culpa. Su cuerpo también se pudre con el polvo, y pronto pasa tanto de la vista como del recuerdo de los hombres; «volverá al polvo a la tierra como lo que era» Ecl.12:7. Esta es la ley que Dios ha dado al mundo: Que todo lo que nace muera; que todo lo que crece se envejezca; que lo fuerte se debilite; que lo grande se disminuya, y cuando esté disminuido perezca. «He aquí, diste a mis días término corto, ante ti, mis años no son nada» Sal.39:5
El hombre como la hierba son sus días, pasa el viento y deja de ser. Florece como la flor del campo Sal.103:15-16, esto es la juventud la cual se tiene por una felicidad, luego se marchita, esto es cuando envejece, se deteriora y muere. Imitemos el ejemplo que nos mostró el Padre Eterno en el monte Calvario, en Cristo, para que conformemos nuestra vida a Su muerte, en desprecio de todo bien temporal, a fin de que consigamos los eternos; para que humillándonos ahora, nos exalte después, haciéndonos padecer aquí, nos consuele a Su tiempo, dándonos a probar en esta vida lo amargo, tengamos en la otra vida dulzura y siendo afligidos, nos comunique eternamente sus gozos.
Por tanto, mire el hombre porque se ensoberbece y presume de sí; porque se aflige y agota por cosas de la tierra. Con razón dijo David, que en vano se afana el hombre. Sal.39:6 Tengamos por cierto que todas las cosas presentes son a manera de sueño, y que nosotros estamos de paso, pues hemos de partir de aquí, tengamos cuidado del camino, y preparemos la provisión para el viaje a la eternidad, vistamos tales vestidos, que los llevemos con nosotros; porque como nadie puede asirse a su sombra, así tampoco podrá retener las cosas humanas, las cuales, se pierden durante la vida y de manera total con la muerte, pues corren más rápidamente que un raudal.
Al contrario son las cosas futuras, que no tienen mudanza ni vejez. Florecen sin ninguna interrupción, y perseveran en una multiplicada felicidad. Guárdate tú de admirar aquellas riquezas que no permanecen con sus señores, sino que las cambian a cada paso y andan saltando de uno en otro, y de este aquel. Conviene despreciar todas estas cosas, y tenerlas en poco. Que sea suficiente lo que dice el Apóstol Pablo: «Las cosas que se ven, son temporales, pero las que no se ven, son eternas»2Cor.4:18; desaparecen las cosas humanas más pronto que la sombra. – J.E. Nieremberg