
Y recordar las palabras del SEÑOR Jesús, que dijo: «Más bienaventurado es dar que recibir». Hechos 20:35
Este es un dicho del SEÑOR Jesús que los evangelios no registran en ninguna de sus páginas. Pero la opinión de este mundo es contraria a esto; la motivación de dar es por lo que van a recibir a cambio. Pero Dios siempre está dando. Lluvia, rocío y luz del sol, vida y salud, y lo mejor de todo, dio a su propio y amado Hijo y todo lo que con Él recibimos. ¡Cómo nos ama y derrama su tesoro inagotable! No existen límites a su generosidad.
Dar es más bendito, más feliz, más excelente que recibir. Dar es un honor y un privilegio. Una mente generosa se siente feliz con las oportunidades de hacer el bien. Dar nos hace más semejantes a Dios, que da a todos y no recibe de ninguno; y al SEÑOR Jesús, que anduvo haciendo el bien. Grandes son las ventajas y cosechas que recibirá el que da, tanto en este mundo como en el venidero.
Es más bienaventurado dar porque produce mucho fruto. Son aquellos que dan, ya sea dinero, tiempo, cultura, trabajo y a sí mismos, quienes son los benefactores y promotores para que el Evangelio de Cristo y Su Salvación llegue a muchos en el mundo. El alma egoísta nunca bendice a aquellos que están a su alrededor. Solo lo hace el alma que se olvida de sí misma. Así que debo dar si no quiero que mi vida sea estéril.
Es más bienaventurado dar porque es la consecuencia de recibir. Primero recibo, y luego doy. Pedro dijo: «No tengo plata ni oro, pero lo que tengo(lo que he recibido de Cristo) te doy»; Hec. 3:6. Recibo a Cristo y a su salvación con manos vacías, con corazón necesitado, y luego, habiéndome enriquecido, reparto mi riqueza y tesoro a otros. Soy amado divinamente, de una manera que no se puede expresar con palabras, para poder dar el amor de Cristo a otros. El recibir es un preludio; el dar es el resultado y corona. El recibir es el camino, el dar es el objetivo. -A. Smellie
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