FEBRERO 10

Les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, vendrá de la misma manera, tal como lo han visto ir al cielo».-Hechos 1:11

Después que Jesús resucitó y ascendió a los cielos, sus discípulos testigos de toda su vida terrenal, se quedan mirando al cielo. En ese momento, dos ángeles aparecen y preguntan a los discípulos ¿por qué están mirando al cielo? No fueron reprendidos porque levantaron la vista hacia el cielo; sino porque codiciaban ver a Cristo, cuando la nube se colocó entre ellos y Él les impidió verlo con sus sentidos corporales.

Aprendemos que no debemos desear la presencia física del SEÑOR en el mundo, sino mirarlo con el ojo de la  fe; «porque por fe andamos no por vista». No tenemos que trepar hasta las estrellas para encontrar a Cristo. Su Espíritu sigue presente en el mundo y en nuestras vidas. Él está con nosotros siempre aunque no le veamos. Él está siempre más cerca que nuestro amigo más íntimo. ¿Por qué están mirando al cielo? Aprendemos también de esta pregunta que no era el momento para desalientos ociosos y melancólicos, que se arraigan en el pasado por anhelos inútiles de lo que no es, ni podrá ser. Mirar al cielo no traerá de regreso a Cristo, ni a ningún otro difunto.

En la tierra el deber esperaba a los discípulos, «volvieron a Jerusalén», Hec.1:12. Cristo había dejado a sus discípulos no un legado estéril de dolor y ociosidad, sino un fondo inagotable de gozo y una herencia de labores prácticas por su causa. Los discípulos fueron convocados a la oración y en respuesta a esa oración, se les concedió el Espíritu Santo, así los discípulos se lanzaron a las labores prácticas de la misión divina; recordar la vida de Jesús y seguir llevando Su mensaje; predicar a Cristo crucificado y declarar que había resucitado de entre los muertos, que fue ordenado como Juez para juzgar al mundo y que la promesa de su regreso significa que algún día podremos estar con Él en el cielo.

Esforcémonos por vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesús, así estaremos preparados para su regreso, sabiendo que algún día seremos juzgados por nuestras acciones. Sea éste el incentivo que aviva el corazón y la esperanza que nos motiva para llevar Su mensaje, viviendo cada día para hacer Su voluntad; que «Este mismo Jesús, que fue llevado de nosotros al cielo, vendrá de la misma manera en que lo vieron ir al cielo».  Que la paz y la bendición del SEÑOR este contigo. ¡Amen!

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