
Miren, yo les he enseñado los estatutos y leyes….para que los pongan en práctica. Deuteronomio 4:5
La senda de la vida y el verdadero secreto para poseer bendición, consiste en la simple obediencia a los mandamientos de Dios. Eso lo vemos confirmado en toda la biblia. Dios nos ha dado su Palabra, no para especular o discutir sobre ella, sino para obedecerla. Es preciso que, por efecto de la gracia, nuestros corazones se sometan con gozo y sinceridad a los estatutos de nuestro Padre, a fin de que podamos andar en el resplandeciente sendero de la vida y gozar realmente de todo lo que Dios ha atesorado para nosotros en Cristo. «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre y yo le amaré y me manifestaré a él» Juan 14:21.
La única actitud verdadera, apropiada y segura para un creyente ante la Palabra de Dios, es la obediencia. La senda de la obediencia es la del más dulce privilegio, descanso y bendición. Esta senda puede ser transitada por todo el que cree. Es la única recta, bendita y senda segura para todos. Es estrecha, no hay duda alguna; pero es segura, brillante y elevada. El alma obediente no tiene más que poner la Palabra de Dios en práctica; y, en cuanto a los que se oponen, no tiene que hacer otra cosa más que remitirlos a su Maestro.
Dios, por gracia recompensa nuestra obediencia morando con nosotros. Esto se ve con gran belleza y claridad en la respuesta de nuestro SEÑOR a uno de sus discípulos: «¿cómo es que te manifestarás a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: «Si alguno me ama, guardará mi palabra. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» Jn 14:22-23. Nada puede despojarnos de las bendiciones y privilegios que se derivan de la obediencia. Tal verdad brilla ante nuestros ojos en cada sección y en cada página de la Palabra de Dios; «miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi Palabra» Isa. 66:2.
Si Israel fue llamado a oír y a ejecutar, cuánto más lo seremos nosotros, que somos tan abundantemente bendecidos «con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» Efe. 1:3. Somos llamados a obedecer conforme nos dice 1 Pedro 1:2: «escogidos según el previo conocimiento de Dios Padre, en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo». Somos llamados a prestar el mismo género de obediencia que caracterizó la vida de nuestro SEÑOR Jesucristo. «El que dice permanecer en Él, también debe andar como él anduvo» 1 Juan 2:6.- C.Mackintosh
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