FEBRERO 20

Sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo” Efesios 4:32

El resentimiento o deseo de venganza y amargura, son síntomas de la falta de perdón, que afecta nuestra salud física, emocional y espiritual. Aferrarse al rencor nos roba el gozo, la paz, afecta nuestra relación y comunión con el SEÑOR e impide disfrutar de las bendiciones que Dios tiene para nosotros. «La falta de perdón y deseo de venganza es una manera ineficaz de castigar a otro y es destructivo para quien ha recibido el daño. Es como tomar el veneno de la amargura y esperar que la otra persona se muera» James MacDonald

No podemos perdonar, pero cuando Dios obra en nosotros y nos otorga el regalo del perdón por medio de Cristo si podemos. Si creemos que Jesús entregó su vida por nuestros pecados para reconciliarnos con el Padre Celestial, nos arrepentimos de corazón, y recibimos el perdón de nuestros pecados, entonces Dios envía su Santo Espíritu que nos inspira a amar y a perdonar a nuestros enemigos. Si en verdad has conocido a Jesús como tu salvador, es el dueño de tu corazón y habita dentro de ti, el El SEÑOR ha implantado en ti un corazón perdonador, y la evidencia más preciosa que el habita allí, es esta: Podemos ser bondadosos y compasivos unos con otros, y perdonarnos mutuamente, así como Dios nos perdonó en Cristo”

 La conexión interna entre el perdón y el amor, está ejemplificada en el pasaje de María, la prostituta, cuando Jesús dice: «Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama». Luc. 7:47  Ella al mostrar tanto amor, evidencia un entendimiento profundo de su necesidad de perdón y la generosidad de la Gracia o Favor Divino. Cuanto más perdonado te sientas por Dios, más perdón darás a los demás: Cuando reconocemos la magnitud de nuestros pecados, y descubrimos que el amor del SEÑOR es paciente y benigno 1Co 13:4, y fiel hasta la muerte y muerte de Cruz Fil.2:8, más somos capaces de corresponderle con un amor igualmente grande, y de tener un corazón perdonador, así como Dios nos perdonó en Cristo.

¡Descubrir que Dios no sólo perdona nuestros pecados que son muchos, y  una vez perdonados, Dios nunca más los recuerda ni aquí ni en el más allá, Isa.43:25, es algo tan inefable y maravilloso! Y nosotros de la misma manera debemos perdonar, y nunca más acordarnos de las ofensas por parte de nuestros ofensores y perseguidores. «El que no perdona al que le pide perdón arrepentido de su pecado y no lo perdona de corazón, no espere en manera alguna que Dios le perdone sus pecados, y por ello añade: «Mas si no perdonareis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados. El que perdona a los que hacen alguna injuria  se asemeja al SEÑOR».- Crisóstomo

Hemos perdonado realmente cuando nos esforzamos en erradicar todos los pensamientos sobre venganza; porque «Mía es la venganza dice el SEÑOR» Rom.12:19, cuando renunciamos a hacer daño, cuando amamos a los enemigos, oramos por ellos. Así seremos hijos del Padre que está en el cielo» Mat.5:44-45. Hemos perdonado cuando respondemos el mal con bien: “Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan”Luc.6:27-28. Quiera el SEÑOR y Dios, que busquemos la fortaleza que solo Él puede dar para que podamos cumplir Su voluntad y perdonar de todo corazón.

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