
Espero en el SEÑOR; en Él espera mi alma, Y en Su palabra tengo mi esperanza. Salmo 130:5
Este pasaje nos enseña que es muy deliciosa la bienaventuranza de la confianza absoluta en la providencia de Dios. Nos enseña cómo preservar nuestras mentes en tranquilidad en medio de angustias, peligros y olas de problemas. «Espero», es decir, no cedo ante el resentimiento o la amarga decepción. Deja todos tus asuntos a la voluntad de Dios y espera pacientemente para recibir de la mano de Dios todo lo que quiera enviar, ya sea prosperidad o adversidad.
Vive en Dios; encuentra tu deleite en contemplar Su naturaleza y Sus obras; deja caer sobre Él la decisión de Sus elecciones para tu vida; confía en Él para suplir todas tus necesidades y trabajar en tu favor. ¡Calla y descansa! ¡Confía y espera! -FB Meyer
Los creyentes algunas veces se ven reducidos a grandes apuros, ya sea por la violencia de la persecución, lo difícil de las aflicciones o por la fuerza de la tentación: y, en tales circunstancias, sólo encuentran refugio en Dios. Es en vano para ellos mirar al hombre. Y cuando la respuesta de Dios y el alivio deseado demoran, se sienten desfallecer. Pero para David cualesquiera que fueran las profundidades en las que había caído, es evidente que se arrojó a la misericordia de Dios y decidió mantener su confianza en Dios hasta el final.
David era ferviente en la oración y estaba dispuesto a esperar y confiar en el SEÑOR y no intentaría utilizar ningún medio impropio para su propio alivio. Vemos como repetidamente tuvo en su poder matar a Saúl, rey de Israel, quien por envidia tramaba el mal contra él; pero no lo haría, ni permitiría que lo hicieran otros. Encomendó su causa a Dios, a quien solo pertenece la venganza. Entonces, en referencia a las misericordias que deseaba de las manos de Dios, estaba dispuesto a esperar. Joseph Benson
Hay provisión de gracia para el que sabe esperar. El salmista sabía esto y experimentó esta gracia: «Espero en el SEÑOR», . Esperar es una gran parte de la disciplina de la vida cristiana y por lo tanto Dios raras veces comunica su gracia de esperar a la persona inquieta y ansiosa. La espera tiene cuatro propósitos: Pone en práctica la paciencia de la fe, pues la fe es vana e ineficaz a menos que nos dé paciencia. Da tiempo de preparación para recibir el don que se espera. Da mayor dulzura a la bendición cuando esta llega. Muestra la soberanía de Dios que da cuando quiere y como Él quiere. Sal.135:6- James Vaughan
«Y en Su palabra tengo mi esperanza». El salmista declara que lo que respalda su paciencia es la confianza que deposita en las promesas divinas. Le bastaba con que Dios hubiera prometido socorrer a su pueblo tentado; y, cualesquiera que fueran las aparentes contradicciones que pudieran existir entre sus dispensaciones y su palabra, no tenía ninguna duda de que todas se aclararían a su debido tiempo, y que ni una jota o una tilde de la palabra de Dios pasaría, hasta que todo se cumpliera.