ABRIL 16

«Como incienso (perfume) agradable los aceptaré….» Ezequiel 20:41

Dios Padre acepta  a cada creyente mediante el olor grato del SEÑOR Jesucristo. Ya sea que hablemos de la justicia activa o pasiva de Cristo, existe igualmente una flagrancia abrumadora. Tal fue el mérito de su vida activa por la cual honró la ley de Dios y ejemplifica cada precepto como una joya preciosa en el marco puro de su propia humanidad. Tal también es el mérito de su obediencia pasiva, cuando soportó con sumisión sin murmuraciones el hambre y la sed, el frío y la desnudez, y, con el torrente cada vez más profundo de la tristeza, finalmente cedió a esa agonía desconocida cuando sudaba grandes gotas de sangre en Getsemaní, cuando dio la espalda a los que golpeaban, y las mejillas a los que le arrancaban el cabello, extendió las manos hasta los clavos y fue atado a la madera cruel para sufrir la ira de Dios por nosotros.

 Estas fragancias son dulces ante el Altísimo: por Su obra y Su muerte, sus sufrimientos en lugar del pecador y de su obediencia vicaria, el SEÑOR Dios de justicia infinita nos acepta con el dulce olor de Cristo. ¡Qué dulce aroma debe de haber en Él para superar nuestra carencia de aroma! ¡Qué suave olor para quitar nuestro mal olor! ¡Qué poder purificador en Su sangre para borrar pecados como los nuestros! ¡Y qué gloria en su justicia para hacer que criaturas tan inaceptables como nosotros fuesen aceptadas en el Amado! Ef.1:6  

¡Observa, creyente, cuán segura e inmutable debe de ser nuestra aceptación cuando se encuentra en Él! Cuídate y no dudes nunca de tu aceptación en Jesús. No puedes ser aceptado sin Cristo; pero una vez que has recibido sus méritos no puedes dejar de serlo. A pesar de todas tus dudas, temores y pecados, el ojo bondadoso del SEÑOR nunca te mirará con ira. Aunque él vea pecado en ti, sin embargo, cuando te mira a través de Cristo, no descubre ninguno. Siempre eres acepto en Cristo; siempre eres bendito y amado por el corazón del Padre. Eleva un cántico, pues, y a medida que veas el humeante incienso de los méritos del Salvador subir delante del Trono de zafiro, deja que el incienso de tu alabanza ascienda también con Él.  «Porque para Dios somos grato olor de Cristo,» 2Cor.2:15

Si queremos traer una vida santa a Cristo, debemos ocuparnos de nuestros deberes junto al fuego de la oración para que suba a la presencia de Dios como olor fragante. Debemos tener cuidado de que este dulce incienso nuestro no esté hecho para el hombre ni sea usado por el hombre, sino para la gloria de Dios. Que tengamos una vida que, tanto en su oración y alabanza, en su obediencia, en su generosidad y en su vida ordinaria, esté impregnada de la plenitud del Espíritu de Dios, un perfume que puede hacer que nuestra vida sea como caminar por un jardín. ¡Una fragancia que puede hacernos como el almacén del rey, donde se guardan toda clase de frutos preciosos y toda clase de incienso dulce!

 Dirás: “Pero habrá tanta imperfección a pesar de todo». Sí, puede haberla aún cuando hayamos hemos hecho nuestro mejor esfuerzo. Sí, los mejores hombres siguen siendo hombres en el mejor de los casos. Ningún hombre culpable e indigno, ni ninguna de sus obras, puede ser aceptada con aprobación y beneplácito de nuestro Dios que es tres veces santo, Apoc.4:8, excepto por la obra de Cristo en la Cruz. Y solo los que creen en ÉL son aprobados y esto por la gracia de Dios; «por la gloria de Su gracia nos hizo Aceptos en el Amado.» Efesios 1:6 Esta bendición es el gran descubrimiento del Evangelio. Es el diseño y el fin de todas las comunicaciones de Dios con los hombres; «Dios en Cristo reconcilia consigo al mundo», 2 Cor.5:19. ¡Oh Sólo por causa de Cristo este verso de la palabra llega al corazón tan dulcemente! «Como incienso(perfume) agradable los aceptaré….» -C.Spurgeon

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