"Yo, el SEÑOR, soy su guardador; a cada momento la riego. Para que nadie la dañe, la guardo noche y día" Isaías 27:3
Pero qué dulce y preciosa promesa es esta ¡el SEÑOR guarda su viña! Compara a su iglesia con una viña de vides muy selectas. ¡Qué misericordia, qué constante, qué incesante es la vigilancia del SEÑOR sobre ella! Y observa: el SEÑOR no sólo lo guarda, sino que lo riega; no solo la defiende desde fuera, sino que la bendice desde dentro; no sólo le evita y protege del mal, sino que él mismo es su principal bien. Él nunca se cansa de dar. Sus recursos son inagotables. Por tanto, Él suplirá todas nuestras necesidades, por muy grandes y numerosas que estas puedan ser.
Cada cosa buena viene de Él. Cada deseo santo, cada oración ferviente, cada emoción de gratitud es un efecto de este riego que Él hace, porque nuestros corazones son tan estériles por naturaleza, que no hay en ellos ni una cosa buena. Esperemos comunicaciones divinas. Esperemos que nuestro Dios nos impartirá su gracia que nos santifica y preserva. Él nos asegura que lo hará de forma regular, con ternura, de forma silenciosa e imperceptible, gradualmente y con suavidad, así como el rocío desciende sobre las viñas en oriente. Él dice que será como el rocío. No tenemos la suficiente esperanza en Dios, ni le pedimos lo suficiente. -James Smith.
Lo regaré a cada momento, Isaías 27:3 Y ciertamente lo hace, aunque en mil casos no veo cómo lo hace, ni pueda seguir las venidas del Señor; sin embargo, estoy seguro de que si el SEÑOR Jesús por su Espíritu Santo no estuviera renovando continuamente el alma, nuestro espíritu pronto se marchita y muere. Pablo lo sabía y hablaba con seguridad de ello: "Aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día", 2 Cor. 4:14. Pero Jesús lleva el asunto más alto que su siervo, porque promete que regará Su viña, Su Iglesia cada momento.
No visitas momentáneas, sino incesantemente: de modo que, incluso cuando el creyente está en el punto más bajo, y es tentada a exclamar: "Fuerzas ya no tengo, ni esperanza en el SEÑOR" Lam.3:18. No es así, porque el riego de Jesús no cesa. Cuando lo agobiamos con nuestros pecados y lo fatigamos con nuestras iniquidades; Isa. 43:24, incluso entonces el SEÑOR está borrando nuestra transgresión "y no se acordará de nuestros pecados", Isa.43:25