"Pero desde allí buscarás al SEÑOR tu Dios, y lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma". Deuteronomio 4:29
La oración lleva a los que tienen espíritu de súplica a una gran familiaridad con Dios. Los que oran reciben grandes cosas para ellos y por los que oran. La oración abre el corazón de Dios y llena el alma vacía. Por medio de la oración, el cristiano puede abrir su corazón a Dios como a un amigo y obtener un testimonio renovado de su amistad con Él. La oración es un derramamiento sensible y afectuoso del corazón a Dios por medio de Cristo en las fuerzas y ayuda del Espíritu Santo. Se hace por cosas que Dios ha prometido o que están de acuerdo con la palabra de Dios para el bien del creyente, con sumisión en fe a la voluntad de Dios.
La sinceridad abre su corazón a Dios y le dice claramente las cosas. La verdadera oración siente, suspira, gime y brota del corazón cuando una carga pesada yace sobre él o cuando un sentimiento dulce de misericordia es recibido y apreciado. ¡Cuánto calor, fuerza, vida, vigor y afecto hay en la verdadera oración! Salmos 42:1 “Como el ciervo busca por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”.
¡Oh, cómo oraba Daniel! Son demasiados los que se contentan con musitar unas cuantas oraciones imaginarias. Orar con afecto involucra todo el ser de tal forma que deben escucharse sus oraciones, la comunión y consuelo de Cristo se experimenta. El alma que ora así ve el vacío en todas las cosas que hay bajo el cielo. Solamente en Dios hay descanso y satisfacción para el alma. La oración correcta no ve nada más importante ni más digno de buscar que a Dios. La oración es sumisión a su voluntad, y orar en Su voluntad nos da una gran confianza en la oración. Como dice 1 Juan 5:14, “Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”.- John Bunyan.
Inclina, oh SEÑOR, Tu oído y respóndeme, Porque estoy afligido y necesitado. Guarda mi alma, pues soy piadoso; Tú eres mi Dios; salva a Tu siervo que en Ti confía. Ten piedad de mí, oh Señor, Porque a Ti clamo todo el día...En el día de la angustia te invocaré, Porque Tú me responderás. Salmo 86:1-7 A Ti extiendo mis manos; Mi alma te anhela como la tierra sedienta. Respóndeme pronto, oh SEÑO, porque mi espíritu desfallece; Por amor a Tu nombre, SEÑOR, vivifícame; Por Tu justicia, saca mi alma de la angustia. Y por Tu misericordia, acaba con mis enemigos, Y destruye a todos los que afligen mi alma; Pues yo soy Tu siervo. Salmo 143:6-7
La Oración, calma el corazón, aleja de las cosas perecederas, purifica de los malos deseos, dirige hacia las cosas del Cielo, y hace que el corazón sea capaz y digno de recibir todos los dones espirituales. - Casiano