OCTUBRE 27

"Estén atentos y cuídense de toda forma de avaricia"; Lucas 12:15

Piensa en la vida de Cristo y cómo Él condenó la mundanalidad con su ejemplo. Él no eligió ser tratado como un príncipe, tener grandes posesiones, tierras, dinero y generosas provisiones. Jesús, el Hijo de Dios, no tenía donde recostar su cabeza Luc. 9:58. Toda su vida es un perfecto ejemplo del menosprecio por la prosperidad de este mundo.

Aunque SEÑOR del cielo y de la tierra, y rico más allá de todo cálculo de riquezas, se despojó de toda reputación, tomó la forma de un siervo y se humilló hasta la muerte de Cruz; y se hizo pobre, para que sus redimidos recuperen su herencia perdida y por su pobreza puedan hacerse ricos con todas las gracias de Su Espíritu S. y fueran llevados por fin a su gloria eterna. 2 Cor. 8:9. Este es un ejemplo sin igual; y no se puede decir de nadie más que de Él, que es Uno con el Padre sobre todo Dios bendito por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Piensa también en los primeros creyentes. ¿No condenaron ellos el apego a lo material? Vendieron sus posesiones y las pusieron a los pies de los apóstoles, para repartirlas entre los necesitados. Hec.4:34-37. Considera también el propósito de las cosas terrenales. Renuncia a ellas como provisión para tus deseos y dedícalas a Dios junto con tu propio ser.
Estas dulces bendiciones nos capacitan por la fe a tener una prueba de la dulzura del cielo. Son gotas del río de los eternos deleites, mensajeros del cielo para testificar del cuidado y amor de nuestro Padre. Nos dirigen hacia el agradecimiento, el amor y el deber. Transmiten una profunda impresión de la bondad de Dios sobre el alma. Mucha de la obra de Dios y el expresar amor los unos por los otros y por nuestro Maestro, lo hacemos por medio de las herramientas materiales terrenales.



Recuerda que Dios ha prometido proveer para todo lo que necesitas si buscas primeramente su reino y su justicia. Mat.6:33. Si de verdad crees que Él es Dios y que es fiel, si de verdad crees que su providencia particular se extiende a la cuenta de tus cabellos, seguramente confiarás en Él antes que confiar en ti mismo. Su provisión es mejor que la tuya. Dios tiene cuidado de ti. Haz un repaso diario de cómo has administrado todo lo que se te ha encomendado. Sé más cuidadoso de cómo usas lo que tienes, evita y cuídate de toda forma de avaricia. Esto apagará tu sed desordenada por la obtención de bienes materiales. El SEÑOR te pedirá rigurosa cuenta de tu administración. -Richard Baxter