No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Salmo 37:1
Es insensato que te inquietes, enojes o sientas envidia por la prosperidad de los demás. La envidia es el descontento a la excelencia o prosperidad superior de otros, restando valor a sus méritos. Surge cuando nos comparamos con otros que están más favorecidos o que tienen más éxito que nosotros. Es el dolor de ver prosperar a personas de carácter corrupto o malvado, mientras que, nosotros tratando de hacer lo correcto, quedamos en la pobreza, la desilusión y las lágrimas. Les prevengo sobre las obras de la carne:... Envidias y cosas semejantes. Quienes hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios Gál 5: 19-21.
Estar dolido por los bienes y dones temporales que tienen otros —considerando que esas personas no son dignas de ellos— es directamente contrario al amor, y echa una sombra sobre Dios, el Autor de dichos dones. Acusa a la providencia de una distribución injusta o poco sabia. Ya sea que sean creyentes o malos, pues es Dios quien dispensa la generosidad que disfrutan; y, con toda seguridad, tiene derecho a hacer lo que quiera con lo que es suyo. Pues Él hace que Su sol salga sobre malos y buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Mat.5:45
La envidia está en contra de la libertad de Dios, negándole la disposición de sus propios bienes, como si Dios fuera nuestro administrador y nosotros sus amos. Todos nos vemos inclinados a esto. ¡El querer controlar la conducta de Dios para que distribuya sus bienes sólo como nosotros queremos, es un producto particular de nuestro amor propio y nuestro ego! Esto surge de un sentimiento de aquello que nos falta, pero el lenguaje de ello es que Dios es injusto en su providencia conmigo, porque no derrama sobre mí los bienes que le da a otro.
La envidia es un pecado compañero del orgullo de Adán y Eva, que fue la causa de su caída. Quisieron ser como Dios. Caín también negó la providencia de Dios cuando envidió a su hermano, porque Dios aceptó el sacrificio de Abel por encima del suyo. Así la envidia causó el primer homicidio. El enfado de Jonás surgió de este orgullo, por temor a ser contado como un falso profeta; después de lo cual envidió a Dios la gloria de su misericordia, y a los pobres ninivitas por tomar provecho de ella.
Jonás deseaba que Dios actuara con los de Nínive, a su capricho, antojo y reputación. Su orgullo hizo que estuviera más preocupado por sí mismo y su reputación que por la gloria y honra de Dios en la manera como provee de su misericordia aún a los no creyentes. Así, la envidia quiere dirigir a Dios sobre cómo debe actuar, o qué instrumentos debería emplear. ¡Ningún maestro artesano se dejaría dirigir jamás por una persona ignorante en cuanto a las herramientas que debería utilizar en su trabajo! -Stephen Charnock "La envidia atenta contra el propio bien, consume a los que se dejan dominar por ella y los envuelve en desastres infinitos" - Crisóstomo