"Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano". Juan 10:28
Nuestro Padre celestial puede que aparte por un tiempo a sus hijos, pero nunca nos deshereda. Esto es algo evidente en virtud del decreto eterno del cielo. El decreto de Dios es la base sobre la que depende la perseverancia de los creyentes, y ni el pecado, ni la muerte, ni el infierno pueden quebrantarlo. Todos los predestinados serán glorificados. Además de su decreto, Él se ha comprometido por medio de una promesa de que todos los herederos del cielo nunca serán desheredados. Sus promesas son como actas selladas, y no pueden revertirse. Son el carruaje real de los creyentes.
La fidelidad de Dios, que es la perla más rica de su corona, está comprometida en esta promesa por la perseverancia de sus hijos. Un hijo de Dios no puede caer mientras lo sostienen los dos brazos del SEÑOR: Su amor y Su fidelidad. Jesucristo se encarga de que todos los hijos de Dios por adopción sean preservados en el estado de gracia hasta que hereden la gloria. Continúa dando gracia a las almas de los escogidos por la influencia y cooperación del Espíritu. El Espíritu Santo hace efectivo todo lo que Cristo ha obtenido para los creyentes. Cristo también lleva a cabo la obra de intercesión Heb. 7:25. Ora porque cada cristiano pueda ser sustentado en gracia. ¿Acaso podrán fallecer los hijos de tales oraciones?
Si los herederos del cielo fueran desheredados y no llegan a alcanzar la gloria de Dios, entonces el decreto de Dios se vería revocado, su promesa rota, y la oración de Cristo frustrada, lo cual sería una blasfemia imaginar. No es solo esto, sino que los hijos de Dios están unidos al cuerpo de Cristo. Así como es imposible separar la levadura de la masa cuando están mezcladas, es imposible que Cristo y los creyentes puedan separarse. ¿Acaso es posible que alguna parte de Cristo perezca? El perder una parte supone perder la gloria también. Por todo esto, es evidente que los hijos de Dios deben perseverar en gracia. -Thomas Watson Y nadie los arrebatará de Mi mano