OCTUBRE 10

"Ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas" 1 Pedro 1:6

El SEÑOR ama a Sus hijos, y es muy indulgente con ellos en la medida en que puedan sobrellevar la aflicción de forma segura. Sin embargo, ¡Él no los maltratará! La enfermedad del pecado requiere medicamentos fuertes, algunos de los cuales son muy desagradables. Y cuando nuestro caso lo requiera, ninguna súplica de corto alcance nos eximirá de tomar lo que Él prepara para nuestro bien.

Es reconfortante saber que cada dosis es preparada por Su propia mano, y ninguna es administrada en vano, ni se repite más de lo necesario para responder a su propósito. Hasta entonces, ninguna otra mano puede eliminar la aflicción que Él pone sobre nosotros. Cuando resuelva Su designio misericordioso, Él nos ayudará; y, mientras tanto, moderará de tal modo la operación, o aumentará nuestra capacidad de soportar, para que no seamos abrumados por ella.

Las aflicciones son convenientes y en cierto grado necesarias para mantener viva en nosotros una convicción de la vanidad y la naturaleza insatisfactoria del mundo actual y de todos sus goces; para recordarnos que este mundo pobre no es nuestro descanso; y para llevar nuestros pensamientos hacia arriba, donde está nuestro verdadero tesoro y donde debe estar nuestro corazón. Mat.6:21


El SEÑOR, mediante el dolor, la enfermedad y las desilusiones, debilita nuestro apego a este mundo, y hace que la idea de dejarlo sea más deseable. Las adversidades son medicinas que nuestro médico misericordioso y sabio prescribe, porque las necesitamos; y Él proporciona la frecuencia, cantidad y peso de ellas según lo requiera el caso. Es verdad, sin una sola excepción, que todos Sus caminos son misericordia y verdad para aquellos que le temen. Sal.25:10 El SEÑOR nos aflige para nuestro bien, ¡pero siempre es mil veces menos de lo que merecemos!- John Newton