
“Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el primer mandamiento y el más importante.» Mateo 22:37
Esta fue la respuesta del SEÑOR a la pregunta: ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? Mat.22:36. Es como si hubiera dicho: “Aquí está toda la Escritura en pocas palabras». ¡Qué magnífica definición se da a la Fe pura y sin mancha! ¡Toda la Ley está recogida en esa palabra amor! – FB Meyer No es posible amar así al SEÑOR, sino con la ayuda y poder del Espíritu Santo. Esta es una gracia que procede del poder divino y no del esfuerzo humano. Entonces el creyente corre de buena voluntad y con gran deseo al gozo y presencia de su SEÑOR, sin que lo frenen o estorben los atractivos de la carne.
Amamos al SEÑOR porque Él nos amó primero. 1 Jn 4:19 ¿Y a quién da el SEÑOR este amor tan puro? Cuando éramos enemigos nos reconcilió con Dios. Luego quien ama gratuitamente es Dios, y además, a sus enemigos. ¿Cuánto nos amó? Lo dice Juan: «Tanto amó Dios al mundo, que nos dio a su Hijo único». Y Pablo dice: «No perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros». Y lo afirma él mismo: «Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos». ¡Oh que amor tan perfecto el de nuestro SEÑOR y Rey, que no busca sus propios intereses! Los que tienen claro esto, comprenderán con la misma claridad por qué debe amarse a Dios, esto es, por qué se merece nuestro amor. -Bernardo
Entonces, Dios debe ser amado con todo el corazón por encima de todo. Ama al SEÑOR quien se ha despojado de todo apego desordenado a las criaturas. Aquel que no ama más ni pone por encima de Él, a sus seres queridos, padre, madre, esposo-a, hijos-as. Mat.10:37. “Ama al SEÑOR con todo su ser, quien se despoja de toda codicia y vanagloria. Los que así le aman, han roto el yugo del opresor que los mantenía esclavos de las posesiones. Pues de qué le sirve al hombre poseer grandes bienes y riquezas inmensas, si cada día, cada instante su espíritu es angustiado con el temor de perderlos, y el estrés por los insaciables deseos de tener mas y mas, y nunca estar satisfecho.
Por eso, el SEÑOR conociendo que el corazón del joven rico estaba en las riquezas, amándole dijo: «Una cosa te falta: vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego sigueme. Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque era dueño de muchos bienes». Mar.10:21-22. Por tanto, el que ama a Dios sobre todo, aunque esté lleno de riquezas vive tan separado de ellas como si nada poseyera; la opulencia no le ensoberbece. Nada ambiciona ni desea, solo Dios es su gozo; Dios es el único deseo de su corazón. Estos gracias al amor que tienen a Cristo, son felices y bienaventurados, porque de ellos es el reino de los cielos. Mat.5:3 -Ludolphus
«Ama al SEÑOR con toda su mente», quien tiene sus pensamientos continuamente fijos en Dios. Aquel que comienza y termina todos sus pensamientos, palabras y obras, para la gloria de su nombre. Tu mente, le pertenece a Él; y no está bien que le des sólo una parte a quien le pertenece todo. Esta es la razón por la que estás siendo privado de «la paz que sobrepasa todo entendimiento que guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús» Fil. 4:7.
En resumen ama al SEÑOR con todo su ser, quien está crucificado para el mundo, y el mundo para él: Ya no vive él, sino Cristo en él. Gal.2:20, sometido a la voluntad de Dios, acepta sus designios sean cuales sean. Mirando constantemente a Jesús, el autor y consumador de su fe, recibe suministros continuos de gracia iluminadora y santificadora, y así está capacitado para toda buena palabra y obra. ¡Oh estado glorioso! ¡mucho, mucho, más allá de esta descripción! que comprende una inefable comunión entre Dios y el alma del hombre. – Adam Clarke
ORACIÓN: SEÑOR, quien no te ama, es que no te conoce. Entonces, disipa las tinieblas que se ciernen sobre la faz del abismo de mi alma; a fin de que te conozca, y te ame, conociéndote. Porque todo el que te conoce, te ama; se olvida de sí y te ama más que a sí; se aparta de sí, y viene a ti, para gozarse en ti. Si no te amo, SEÑOR, tanto como debo, es que no te conozco plenamente. Y me aparto de ti, gozo verdadero de mi alma, por las cosas exteriores, me privo de ti, y busco en estas cosas exteriores amores adulterinos. Y así sin tu gracia me entrego a las cosas vanas de mi corazón, que debí consagrar a ti solo con todo mi amor y afecto.
Perdona, SEÑOR, y ten misericordia de quien se dirige a ti. Tú eres mi fortaleza, y dijiste: «nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió». Tú me has amado con tanta bondad, y por eso te pido desde lo más profundo de mi corazón, y con todas las fuerzas de mi espíritu, a ti Padre Todopoderoso, y a tu Hijo, así como a tu divino Espíritu Santo: atráeme a ti, de modo que te ame con todo mi ser y todo mi gozo consista en seguirte, agradarte, y en aspirar a estar en tu presencia. Eres eternamente digno de toda alabanza, de toda gloria y de todo honor. Tu reino y tu poder no tendrán fin, sino que durarán inalterables e inmortales por los siglos de los siglos. Amén.-Agustin
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