JULIO 22

"Mírame, y ten misericordia de mí", Salmo 119:132

Esta es la oración de un hombre afligido que reconoce su condición indigna, su pecado y súplica por restauración, acude al favor inmerecido de Dios, esto es, a Su gracia, acude a la multitud de sus misericordias: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones" Sal. 51:1. "Si nuestros pecados fueran en número como los cabellos de nuestra cabeza, las misericordias de Dios son como las estrellas de los cielos; y como Él es un Dios infinito, sus misericordias son infinitas; sí, muchas más que nuestros pecados, como Él mismo está por encima de nosotros pobres pecadores". -Archibald Simpson


"Mírame", como miraste Pedro, y ten misericordia como la tuviste de Él, que amaba tanto tu nombre que su triple confesión de amor borró su triple negación, diciendo: "SEÑOR, tú sabes que te amo". MÌrame, como a María la pecadora, arrepentida y llorosa, y ten misericordia de mí, no conforme al juicio del fariseo que murmuró de ella, o de Judas que se indignó contra ella, sino perdóname como a ella, "porque ella te amó mucho", diciéndome tambiÈn a mi: ´Tu fe te ha salvado; vete en paz.- Neale y Littledale


Mírame Jesús, y derrama tu gracia que me transforme, que me renueve, que me libere, que me salve. Tu mirada es amor, es paz, es consuelo. Tu mirada es alivio, es bálsamo, es refugio, es descanso. Tu mirada es vida y poder, tu mirada abre nuevos caminos en medio de la incertidumbre y del desaliento, calma la tempestad, tu mirada me dice en la tribulación: "No temas yo estoy contigo, no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia" Isa.41:10


"SEÑOR y Salvador nuestro, como nuestras miradas a Ti con frecuencia son tan breves, tan frías, tan distantes, que no producen impresión en nuestros corazones, míranos con misericordia y con poder. Dedícanos una mirada que nos haga volver a ti, nos toque con ternura y arrepentimiento al recordar que el pecado, la incredulidad y la desobediencia atravesaron tus manos, tu pies y tu corazón. -C. Bridge