JULIO 21

"Oid la vara, y a quien la establece" Miqueas 6:9 RV

Para que puedan oír y entender mejor la voz de la vara. Así como la Palabra tiene una voz, el Espíritu una voz y la conciencia una voz, así también la vara de Dios tiene una voz. Dijo un siervo de Dios: "La escuela de la aflicción es la escuela de la instrucción". Las aflicciones son la vara de la ira de Dios, la vara de Su desagrado y Su disciplina. Dios le da una comisión a Su vara: Despertar a Su pueblo, reformar a Su pueblo, hasta que guarden silencio y escuchen la voz de la vara de Dios. "Es para su corrección (disciplina) que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline?" Heb.12:7

Las varas de Dios no son mudas, ellas hablan, todas hablan, así como golpean. Cada varita tiene una voz."¡Oh, alma! – dice una varita- Dices que duele, dime entonces si es bueno provocar al Dios celoso Jer. 4:18". "¡Oh, alma! -dice otra varita- Dices que es amarga, que llega a tu corazón, pero ¿acaso no han procurado tus propias acciones estas cosas? Rom. 6:20-21"."¡Oh, alma! -dice otra varita – ¿Dónde está el beneficio, el placer, la dulzura que has encontrado al alejarte de Dios? Os. 2:7".
¡Oh, alma! -dice otra varita- ¿No te iba mejor cuando estabas en alta comunión con Dios y cuando te humillabas y eras minucioso en tu caminar con Dios? cf. Mi. 6:8" "¡Oh, cristiano! – dice otra varita- ¿Buscarás en tu corazón, escudriñarás tus caminos y te volverás al SEÑOR tu Dios. Lm. 3:40". "Oh, alma -dice otra varita – ¿Morirás al pecado más que nunca, al mundo más que nunca, a las relaciones más que nunca y a ti mismo más que nunca? Ro. 14:6-8; Gá. 6:18".

Ahora bien, si el alma no enmudece y guarda silencio bajo la vara, ¿cómo es posible que escuche la voz de la vara? La vara que está en las manos de los padres terrenales tiene una voz, pero los hijos no la oyen, no la entienden. No escucharemos ni entenderemos más la voz de la vara que está en la mano de nuestro Padre celestial hasta que lleguemos a besarla y permanezcamos en silencio bajo ella.- Thomas Brooks