
«En su angustia clamaron al SEÑOR y Él los sacó de sus aflicciones». Salmo 107:28
Dios recibe noticias con más frecuencia de las personas afligidas que de las que se hallan en bienestar, tranquilas y fuera de peligro. El hijo pródigo era muy altivo y decidió que no regresaría nunca, hasta que la necesidad le empujó a hacerlo; entonces oyó palabras de amor de su padre. Agar era orgullosa en la casa de Abraham, pero humilde en el desierto, Gén.7:7-16. Jonás estaba durmiendo en el barco, pero despierto y orando en el interior de la ballena (Jonás 2:1). Manasés vivía en Jerusalén como un libertino, pero cuando estaba encadenado en Babilonia, su corazón se volvió al SEÑOR (2 Crón. 33:11, 12). Las enfermedades corporales forzaron a muchos, según el evangelio, a acudir a Cristo, en tanto que otros que disfrutaban de salud no le reconocieron. Uno podría pensar que al SEÑOR le produciría disgusto escuchar estas oraciones que son impulsadas sólo por el deseo de salir del peligro y no por el amor y la sinceridad del corazón. Si no hubiera habido la desgracia de la ceguera, la cojera, la parálisis, las fiebres, etc., en los días de Cristo, no habría habido tantos que acudieran a Él. – Daniel Pell
En todas las pruebas, el camino más seguro para un problema es la oración. En la farmacia celestial, la oración es la medicina para todas las cosas. La oración, que conquista al cielo, nunca será superada en la tierra. Ni los hombres ni los demonios pueden hacer frente a la oración: les hirió la cadera y muslo como otro Sansón. El arco de la oración no regresa vacío; es más veloz que un águila, es más fuerte que un león. Lleva tu caso ante Dios, oh heredero de la tribulación; extiende tu petición delante del Altísimo, y el SEÑOR te responderá. La mitad del trabajo se completa cuando es llevado delante de Dios con súplicas.
Noten, además, que tan pronto como hacemos una oración Dios tiene un remedio. Pero, aunque para cada prueba en esta vida mortal haya un remedio, no siempre lo discernimos. hasta que Él SEÑOR nos muestra. Dios tiene un remedio para todas nuestras pruebas antes de que nos sucedan. «En su angustia clamaron al SEÑOR, Y Él los sacó de sus aflicciones». Justo a tiempo cuando habían llegado al extremo, la lámpara de la esperanza estaba casi apagada, y la desesperación negra se asentaba en el alma, cuando la misericordia de Dios vino al rescate. Todo está listo entre esta tierra y el cielo. Aquel que ha ido a preparar un lugar para nosotros con Su presencia, ha preparado para nosotros el camino a ese lugar por Su providencia.
Es siempre una bendición recordar que para cada aflicción, hay una promesa en la Palabra de Dios que se ajusta a nuestro caso. Pero no siempre vas a ser capaz de encontrarla; no, podrías ir buscando a tientas en las Escrituras durante mucho tiempo antes de que recibas la palabra necesaria; pero cuando el SEÑOR te la muestra, cuando viene al alma con poder, cuando el corazón puede asirse a ella, y clamar: «ay, esa es la palabra, mi Señor; en verdad y con certeza, esa es la verdad preciosa que puede endulzar mis tristes malestares», ¡oh, qué bienaventuranza es esa! Toda gloria sea dada al Espíritu Santo, Quien hasta este día ha tenido presteza para mostrar a Sus siervos que oran, la Palabra que endulza sus amarguras. C.Spurgeon