Miles de veces se ha repetido esta experiencia del salmista. Es el método Divino. Derriba y luego levanta. Este es Su método, así es a través de todas las etapas de la vida cristiana. El alma es abatida, el orgullo es quebrantado, y entonces llega la ayuda divina, y esta ayuda no es bienvenida ni apreciada hasta que se le enseña al alma que la necesita en la severa escuela de la experiencia. El proceso puede ser doloroso y nada agradable en ese momento, pero el Maestro Divino sabe que es necesario y para nuestro bien. Estaba hundido en las profundidades de la angustia y la miseria; y el SEÑOR me ayudó a soportar con paciencia lo que se me impuso y a esperar la liberación a Su debido tiempo.
"Estaba yo postrado y Él me ayudó". Observa cuánto Dios nos enseña: El alma postrada en la tierra antes de ser levantada por el SEÑOR. ¡Oh, cuán bajo podemos ser llevados! Bajeza en nuestra vida espiritual, desprovistos de las gracias del Espíritu, escasos en las evidencias cristianas, abatidos en nuestra mente, cuerpo y estado; no obstante, hemos experimentado la verdad de la Palabra de Dios: "Cuando fueren abatidos dirás tú: Enaltecimiento habrá" Job. 22:2. ¡Oh, alma mía! Si el SEÑOR, por Su enseñanza oculta o por Sus dispensaciones aflictivas te está humillando; Es para que testifiques como el salmista: "Estaba yo postrado; y Él me ayudó" .
¡Nada más mira a nuestro Ayudador! Nuestro Ayudador es maravilloso: "Él me ayudó". "El SEÑOR es mi Ayudador". El SEÑOR Jesús es todo suficiente como nuestro Ayudador. "He ayudado a un poderoso" — dice el Padre, hablando del Hijo— (Sal. 89:19). El Padre requirió ayuda en la redención de Su Iglesia escogida. Él encontró en Su igual y coeterno Hijo, en quien se reunían todos los requisitos divinos y humanos para la salvación de Sus elegidos. El favor, también, que el Padre puso sobre el Hijo, era ayuda para nosotros. Por lo tanto, el SEÑOR es nuestro Ayudador, todopoderoso, amoroso, compasivo, y ciertamente el todo suficiente para todas las necesidades que tengamos. —Octavius Winslow
El SEÑOR no me pasó por alto. Aunque reducido en mis circunstancias calumniado en mi carácter, deprimido en mi ánimo y enfermo en el cuerpo, el SEÑOR me ayudó. Me dio fuerzas, me restauró C. H. S. Me ayudó tanto a sobrellevar lo peor como a esperar lo mejor; me ayudó a orar, pues de otro modo el deseo habría fallado; me ayudó a esperar, pues de otro modo la fe habría fallado. -Matthew Henry