MARZO 18


"Cuando se hizo de día, salió y se fue a un lugar solitario". Lucas 4:42


Como seres humanos, fuimos creados para relacionarnos unos con otros. Todos, de alguna manera u otra, anhelamos relacionarnos. Sin embargo, vivimos en un mundo imperfecto. Por lo tanto, mientras nuestro deseo de relaciones se centre en otras personas, siempre viviremos en «soledad». En algún momento nos frustramos porque buscamos algo donde no encontramos, o podemos deducir que lo que buscamos no existe o lo estamos buscando en el lugar equivocado. Pero esta "frustración" puede convertirse en una bendición por dos razones: (1) dejamos de esperar a que el mundo actual llene nuestro vacío interior y (2) comenzamos a buscar satisfacción en Jesús. Él tiene los brazos abiertos y nos invita a una relación única y verdadera con él. -Daniel Lima


La soledad espiritual es un llamado del SEÑOR para entrar en una comunión más profunda con Él. Dios es Espíritu Jn.4:24. Este llamado no depende del éxito alcanzado o de las personas que nos rodean, sean familiares, o amigos. Las personas u otras cosas de este mundo no satisfacen, porque tu verdadera comunión es espiritual y con Jesús. "La soledad es un regalo del SEÑOR. La soledad nos conecta con algo mucho más grande, con Dios que es mucho más personal de lo que podemos imaginar. El SEÑOR y Dios, es infinitamente personal como Padre, Hijo y Espíritu. La soledad hace que nuestro corazón se eleve para encontrar descanso puro y satisfacción en el Dios que nos hizo a su imagen. Fuimos creados para desear las relaciones personales más profundas. La soledad espiritual, en este sentido, se convierte en una invitación divina”. Scott Horrell


Desde el primer amanecer de la conversión hasta la hora de la muerte, es principalmente en la soledad donde Dios habla al alma. Bienaventuradas esas horas santas en las que el alma se retira del mundo para estar a solas con Dios. La voz de Dios, como Él mismo, está en todas partes. Sólo el estruendo del mundo, o el tumulto de nuestros propios corazones, ensordece nuestro oído interno. Nos habla principalmente en lo más íntimo del alma, porque allí habita. Estar solo es sentir la presencia de Dios. Solo el pecado consentido nos ensordece a la voz de Dios.

Cuando el SEÑOR nos lleva al desierto( a la soledad) Os.2:14, este se ve terrible y seco. Hasta que, en silencio, en medio de esa sagrada soledad, el alma fructifica. El desierto mismo le será transformado en una gloriosa y bendita herencia.Allí se silencian las voces del mundo. Hay bendición para los que están en la soledad. La gracia que no se buscó en medio de la prosperidad y la abundancia, es recuperada y apreciada en medio de las privaciones del desierto; y la voz a la que estabas sordo en medio de los clamores de la prosperidad, la escucharás en el silencio de la soledad. Debemos estar solos en la hora de la muerte, aprendamos a estar solos con Dios ahora. -EB Pusey ¡Que tu próximo momento de soledad te lleve a los brazos de tu Salvador!

**************************************