"El nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad". Hebreos 12:10
El propósito de Dios en las aflicciones nunca es para dañar o desesperar a los creyentes. Debemos recordar siempre que todos los problemas que los hijos de Dios tienen serán usados para su bien, con un buen propósito, aunque en el momento no sea posible verlo. Dios quiere fortalecerlos, su pensamiento nunca es destruirlos. "Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído el SEÑOR tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte....." Deut. 8:2 "Para probarte", ese fue el propósito de Dios, no para quebrantar o destruir: "Él te guio por el inmenso y terrible desierto.... Lo hizo para humillarte y probarte por tu propio bien". Deut.8:15-16.
El SEÑOR permite las aflicciones para hacernos bien porque el sufrimiento hace dar la espalda al pecado y hace tener cuidado del pecado en el futuro. El niño que se ha quemado teme al fuego y las aflicciones nos ayudan a mortificar el pecado. El pecado acarrea tristeza y conduce a lo que es temible y terrible, es decir, al enojo Justo y Santo de Dios y Su ira. "No hay paz para el impío" Isaías 57. Las aflicciones son también el crisol donde Dios purifica las impurezas de Su pueblo; porque Dios disciplina, corrige y enseña a los creyentes para su bien, "El nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad". Aunque la disciplina divina sea dolorosa, produce piedad y trae muchas bendiciones a los creyentes. Dios está entrenando a su pueblo: Haciendo que estén en una buena y saludable condición espiritual, el sufrimiento es una parte de este entrenamiento.
Las aflicciones no cambian el hecho de que Dios nos ama. "Nunca se dijo, al que el SEÑOR ama enriquece, sino al que el SEÑOR ama disciplina". Heb.12:6-Spurgeon Las aflicciones pueden resultar en sufrimientos del cuerpo, la mente y aún perder la vida; pero no nos pueden separar del amor de Dios. Rom.8:39 Las aflicciones que enfrentamos provienen del gran amor que Dios nos tiene. Dijo el SEÑOR: "Yo reprendo y castigo a Todos los que amo."Apoc.3:19 Dios está preparando a los creyentes para el cielo, y a veces está preparación resulta dolorosa. Sin embargo, el hecho de que Dios está procurando que estén preparados para el cielo, es prueba de que les ama grandemente. El sufrimiento nos hace humildes y sensibles a la enseñanza del Espíritu Santo. El sufrimiento nos hace acercarnos a Dios y orar en una forma más intensa y sincera. "Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu palabra." Salmo 119:67
También el sufrimiento fortalece a los creyentes. Crecen más fuertes en su amor a Dios y hacia su pueblo; crecen más fuertes en fe, esperanza y gozo. Las aflicciones son en realidad pasajeras: "Por un momento será su ira, pero su favor durará toda la vida. Por la noche durará el lloro, en la mañana vendrá la alegría" Salmo 30:5. Hay muy corto tiempo entre el conocer de la gracia de Dios en la tierra y el gozarse de la gloria de Dios en el cielo. "Porque aún un poquito y el que ha de venir vendrá y no tardará." Este breve tiempo de sufrimiento terminará pronto y los creyentes estarán con Cristo para siempre; pues este tiempo de tormenta es el preludio de la calma eterna.
Los creyentes deben medir las aflicciones por su resultado espiritual y no por el dolor que ocasionan. Es necesario que veamos el propósito de Dios en ellas. José sufrió en Egipto y fue encarcelado injustamente; no obstante el propósito de Dios por medio de él fue salvar su familia y preservar la vida de muchos. Gén. 50:20. Del mismo modo, David fue rodeado de enemigos y estuvo en peligro constante al principio de su carrera; sin embargo, llegó a ser rey y fue honrado por su pueblo. En ambos casos fue el sufrimiento lo que condujo al cumplimiento del propósito de Dios. Esto nos enseña que los creyentes deben juzgar sus sufrimientos no por el dolor que producen; sino por sus resultados espirituales.- Thomas Brooks