
«Recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos». 1 Timoteo 2:1
Los creyentes de oración son mucho más importantes que aquellos que oran a la ligera; y mucho más que los que oran como una simple rutina. Hombres de oración significa «creyentes para los cuales la oración es un arma y una fuerza poderosísima, una energía que mueve los Cielos y derrama ricos tesoros de bien sobre la Tierra». Creyentes de oración son los que salvan a la Iglesia del materialismo que está afectando todos sus planes y su constitución, y también los que la mantienen viva. La Iglesia ya no es tan fuerte en recursos espirituales como lo fue. Lo mundano se ha introducido en la Iglesia muy sutilmente. Esto ha llevado a la Iglesia a compromisos con el mundo, han sacudido a sus líderes, debilitado sus fundamentos y mutilado mucha de su belleza y fortaleza.
Los creyentes de oración son los agentes que pueden preservar la Iglesia de esta tendencia materialista, ya que derraman en medio de ella todo el poder original de las fuerzas espirituales, la liberan de las ataduras de la codicia y hacen que vuelva a moverse dentro de las profundidades santas del mundo espiritual. Cuando la Iglesia pone la mira en el dinero del hombre, su estatus social, o sus pertenencias, los valores espirituales se pierden. La pureza de cada creyente es la única cosa que Dios requiere, la cual se pierde de vista cuando los cristianos comienzan a estimar a los hombres por lo que tienen. Esta verdad, en cuanto a que Dios está buscando la pureza personal, se ve anulada cuando la Iglesia tiene más ambición por la cantidad que por la calidad. Los números no son nuestra meta, sino la pureza personal. El activismo y el entusiasmo han venido a ser los viciosos sustitutos de la pureza espiritual.
El número y eficiencia de los trabajadores de la viña del SEÑOR en todas las naciones depende de los hombres de oración. «Pidan al SEÑOR de la cosecha que envíe obreros a Su cosecha». Mat.9:38 Esta oración debe ser, no de acuerdo a las normas de este mundo, sino de acuerdo a los preceptos bíblicos y a las reglas de la vida celestial. Oremos, pues, por el crecimiento espiritual de nuestros ministros, y la Iglesia crecerá a la par de ellos. La oración abre las puertas de acceso para que la santidad entre y, como consecuencia, la firmeza, el valor y el fruto en abundancia.
Muchos líderes y ministros piensan que si llegan a ser prominentes como hombres de negocios, de dinero, influencias, pensamientos, planes de cultura o dones de elocuencia, tendrán suficiente y podrán compensar la ausencia de un alto poder espiritual que solo la oración puede dar. Pero cuán vanos y mezquinos son estos hombres en el santo trabajo de traer gloria a Dios, en vigilar la Iglesia para Él, y traerla a un total acuerdo con los planes divinos y con su misión aquí en la Tierra. Los hombres que saben cómo usar esta arma de la Oración son los mejores soldados de Dios y sus líderes más poderosos. Esto es lo que distingue la autenticidad divina de su llamado al liderazgo, el sello de su separación para Dios. Cualquier otra gracia o don, y talento que puedan tener no son comparables al de su capacidad de orar.
Levántate, corazón dormido. ¡Jesucristo te llama! Despierta y ve al encuentro de tu Amigo celestial en el lugar secreto. No podemos pretender ni esperar crecer a la semejanza de nuestro SEÑOR a menos que sigamos su ejemplo y dediquemos más tiempo a la comunión con Dios. Un verdadero avivamiento en la oración producirá una auténtica revolución espiritual. No podemos pretender ni esperar crecer a la semejanza de nuestro SEÑOR a menos que sigamos su ejemplo y dediquemos más tiempo a la comunión con el Padre. Un verdadero avivamiento en la oración producirá una auténtica revolución espiritual. -E.M.Bounds